Y precisamente, la situación política, social y cultural que define nuestro tiempo es la de una época prevista con alarma por la literatura, la filosofía y el cine desde hace ya casi un siglo; y que se empieza a descubrir y definir como un mundo dominado por las máquinas de las que la mayor parte de los seres humanos han perdido el mando, e incluso, a las que se someten a su poder de vigilancia y control permanentes (G. Deleuze/Sociedades de control).
I. La nueva época: el elogio de la Era Digital
Ahora bien, a pesar de que constante y enfáticamente se viva esta nueva situación social como una cotidianidad en la que la tecnología informática lo ha transformado radicalmente todo (relaciones sociales, trabajo, estudio, erotismo, entretenimiento y comunicación); y que se hable, hasta el cansancio y en todos los espacios, generalmente de manera elogiosa de esas transformaciones como propias de un progreso civilizatorio indetenible. En realidad, es más lo que ignoramos de sus implicaciones actuales y sus consecuencias a corto y mediano plazo que sus supuestas cualidades y virtudes que “conocemos” de sobra por el modo en que son celebradas por los discursos no solamente sospechosamente acríticos, sino, sobre todo, ingenuos -e incluso, fanáticos y hasta seudorreligiosos-, provenientes generalmente de representantes de las empresas tecnológicas o de sus principales clientes como son los gobiernos y las plataformas tecnológicas (Facebook, X, Google o Amazon).
Y tal desconocimiento o ignorancia de las implicaciones y consecuencias de los usos de la tecnología informática, no es producto o efecto ni de la complejidad de algo que no podamos comprender ni de su novedad radical, sino:
1) La forma de un ocultamiento deliberado, calculado, y sobre todo, lucrativo del conocimiento por parte de las empresas tecnológicas y sus principales clientes que desde el diseño y desarrollo de las tecnologías propician la secrecía de su funcionamiento con códigos de programación cerrados y estructuras autoritarias de softwares, hardwares e interfaces, que a pesar de haber sido desarrollados con y a partir de los conocimientos de comunidades -sobre todo de universidades públicas y de aficionados- su propiedad es privada y su diseño -lo que se puede hacer o no con ellas- limitado a la mercantilización de productos y licencias.
2) El efecto del aprovechamiento de novedades mensurables o predecibles por parte de empresas y consorcios tecnológicos, que aprovechan para hacer negocios con los recursos y bienes -individuales y colectivos- vulnerables de “apropiación” -despojo- por los vacíos legales sobre materias que por la situación anterior de las tecnologías no eran reguladas: la propiedad de los datos personales, la intimidad o privacidad de la “vida” virtual de los ciudadanos, los diferentes tipos de responsabilidad por las consecuencias y daños provocados por la prestación de servicios digitales, los monopolios transicionales en industrias y mercados nuevos (buscadores, redes sociales o ventas online), la responsabilidad social y la regulación de los “contenidos” de entretenimiento multimedia…











