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La Vitalidad es el presente. Todo está en la vida y es la vida, los cuerpos mueren pero la vida continúa, es eterna. Siempre se está en medio de la vida y la vida en medio de nosotros. Nos atravisa para llegar a otros, así como atravesó a otros, para llegar hasta nosotros. La vida es incontrolable, poderosa, inalienable, misteriosa, creativa. La vida es salvaje: es el amor.



miércoles, 11 de diciembre de 2019

Nietzsche y el pensamiento político francés

Resulta importante señalar que en Francia desde finales del siglo XIX existió una intensa recepción de la obra de Nietzsche desde diferentes sectores, que impetuosamente reivindicaban lecturas sui generis de la obra nietzscheana, de las cuales, para los propósitos de este trabajo de investigación resultan decisivas aquellas que desde el arte, la militancia política y el pensamiento crítico reivindicaron una lectura de izquierda. Lecturas que de un modo u otro contextualizan la lectura política y crítica realizada por Deleuze desde la década de los sesentas, ya que, desde su formación filosófica más básica, Deleuze participó activamente en círculos intelectuales que se nutrían de esta especie de tradición propia del medio francés respecto del pensador alemán.

Desde su formación filosófica más básica, siendo aún estudiante de secundaria, Deleuze participó en círculos intelectuales donde tuvo la oportunidad de conocer la tradición filosófica francesa y conversar directamente con sus representantes más notables: Sartre, Bataille, Klosowsky, Bachelard, Hyppolite, Kojève etc. Primero, en 1943, en el círculo semiclandestino de Marie-Magdeleine Davy[1] y en las reuniones sabatinas en casa de Marcel Moré.[2] Y después, de 1946 a 1965, en la Sociedad Francesa de Estudios Nietzscheanos, que tenía como objetivo “contribuir, sin ninguna mira política ni intensión de proselitismo, a hacer que se conozca mejor el pensamiento de Nietzsche, y llevarlo del plano de la propaganda tendenciosa a una objetividad comprensiva y a una crítica inteligente.”[3]

En este sentido, dedicaremos este apartado a describir en sus rasgos más significativos la recepción crítica y de izquierda de la obra de Nietszche realizada por el medio artístico, socialista y literario francés desde finales del siglo XIX a mediados del siglo XX. Período en el que resulta sobresaliente el interés y la empatía con que los distintos actores intelectuales franceses respondían a la admiración que Nietzsche tuvo para con la cultura francesa, incluso a pesar del obstáculo que constituía para tal labor la tergiversación e interpretación nacionalsocialista de la obra nietzscheana predominante en Alemania.
Y nuevamente, hay que señalar que una tarea de este tipo tiene que lidiar con los lugares comunes y los clichés producto de los prejuicios, a partir de los cuales, Nietzsche es identificado como un pensador si no fascista y de derecha conservadora, como un esteta apolítico, irracionalista y absolutamente individualista; y ya en el límite, con la nefasta idea de un pensador que en su forcejeo con la locura dejó una obra cifrada por la incongruencia que raya en la asignificación únicamente salvada por la audacia de la interpretación ajena. 

La labor interpretativa que realiza Gilles Deleuze, se circunscribe en este horizonte conflictivo en el cual, su obra tiene como objetivo más que combatir reactivamente la interpretación oficial, hacer evidente los contenidos críticos, emancipatorios y revolucionarios del pensamiento nietzscheano que tienden a la posibilidad de nuevos mundos y nuevas formas de ser hombre en el horizonte problemático, que él fue uno de los primeros en ver, de la cultura occidental en decadencia.

La relación de Nietzsche con el pensamiento francés inicia, entonces, desde la exaltación de la cultura francesa por parte de Nietzsche. En tales términos se denomina a sí mismo además de “espíritu libre”, con el término francés, un “décadant[4]: “Descontado, pues, que soy un décadent, soy también su antítesis. Mi prueba de ello es, entre otras, que siempre he elegido instintivamente los remedios justos contra los estados malos; en cambio, el décadent en sí elige siempre los medios que lo perjudican. Como summa summarum [conjunto] yo estaba sano; como ángulo, como especialidad, yo era décadent”.[5] Con está auto denominación cifrada en la decadencia[6] Nietzsche reivindica y alimenta, en un doble movimiento cargado de una multiplicidad de sentidos, la tradición cultural francesa tanto política como estética, como veremos a continuación.



La genealogía en el pensamiento de Nietzsche


De una manera profundamente significativa Deleuze inicia su estudio sobre Nietzsche con el concepto de “genealogía”. En su libro Nietzsche y la filosofía (1962) el primer tema que trata es El concepto de genealogía. Al abrir este portentoso libro, en la primera página encontramos el concepto de “genealogía”, lo cual, habla de una toma de posición singularísima y de una disidencia respecto al canon germánico de la década de los treinta con que era leído Nietzsche.

Si como ya explicamos, el canon de la interpretación del pensamiento de Nietzsche consistía en tener como fuente principal de contenidos y sentido la obra póstuma, el libro apócrifo de La voluntad de poder, y como concepto central la “voluntad de poder” entendido en el sentido conservador de los valores de la superioridad germana y el dominio-sometimiento del otro. Deleuze toma un camino por completo diferente, que lo hace ir más allá de una simple confrontación con dicho canon, al cual, sólo se refiere de manera indirecta en relación con sus efectos,[1] centrando su atención más bien en desarrollar rigurosa y sistemáticamente su propia interpretación. 

Para Deleuze, el concepto central del pensamiento de Nietzsche es el de “genealogía” y la fuente principal para descifrar su mensaje está en el libro de La genealogía de la moral (1887). “La genealogía de la moral es el libro más sistemático de Nietzsche. Tiene un doble interés, por una parte, no se presenta ni como conjunto de aforismos ni como un poema, sino como una clave para la interpretación de los aforismos y para la evaluación del poema. Por otra, analiza detalladamente el tipo reactivo, el modo en que triunfan las fuerzas reactivas y el principio bajo el que triunfan…”[2]  

El propio Nietzsche desde el prólogo de tal libro anuncia que el tercer y último tratado consiste en un ejercicio de interpretación de un aforismo contenido en Así habló Zaratustra, como una muestra de la filosofía del futuro. Filosofía de la cual va exponiendo parcial e indirectamente, a lo largo de los dos primeros tratados, la metodología y su ejercicio en torno a diferentes temas (el origen del sacerdote, la pena, la producción del alma, los valores acéticos) hasta que en el tercer tratado, dice explícitamente que dará “una muestra del arte de la interpretación” aplicado a un aforismo.[3] El ejercicio de interpretación de dicho aforismo permite a Nietzsche desarrollar su hipótesis en torno al surgimiento de la filosofía, y con ello, esbozar aquello en lo que la misma podría convertirse de seguir existiendo: “Un aforismo si está bien acuñado y definido, no queda ya <<descifrado>> por el hecho de leerlo; antes bien, entonces es cuando debe comenzar su interpretación, y para realizarla se necesitaría de un arte de la misma. En el tratado tercero de este libro he ofrecido una muestra de lo que yo denomino <<interpretación>> en caso semejante:- ese tratado va precedido de un aforismo, y el tratado mismo es un comentario de él…”[4]



¿Qué es la filosofía?


     Uno de los prejuicios más comunes en relación con la filosofía es afirmar o suponer que no sirve para nada. Ya que se subestima a la filosofía y al filósofo desde la opinión del sentido común o se les idealiza desde una perspectiva de la trascendencia. 

De acuerdo al sentido común que se ha convertido en razón instrumental y lógica de la ganancia, para las que lo único que tiene un valor y utilidad es aquello que reporte una ganancia monetaria, la filosofía carece de sentido. Por ello, Deleuze a lo largo de su obra reiteradamente expresa el sentido y utilidad de la filosofía como una práctica emancipatoria a nivel individual y colectivo. Una de las ocasiones más célebres en que lo hizo fue precisamente en su libro Nietzsche y la filosofía:

Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido (…) ¿Existe alguna disciplina fuera de la filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las víctimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo y afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral o la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios.[1]


Paralelamente, a partir de sus metáforas espaciales del pensamiento, Deleuze dice que “oficialmente”, a través la historia de la filosofía,[2] se da una imagen del pensamiento de las “alturas”, según la cual, conceptos, ideas y sistemas ya estarían dados desde la eternidad en una especie de cielo filosófico[3] donde el filósofo, habitante de entre mundos, los tomaría. De tal manera, tanto las ideas filosóficas como en cierto modo el filósofo mismo pertenecerían a un mundo mejor y más sutil que este, a un mundo verdadero y perfecto que poco o de plano nada tiene que ver con este mundo y los seres humanos reales. 

De tal manera, la filosofía se convierte en una práctica ociosa y suntuosa propia de personajes de elite, pensadores o intelectuales, que se diferencian esencialmente del hombre común, y sobre todo, del hombre práctico-no-filosófico, llegando en tales términos al extremo de cifrar la dignidad y el valor mismos de la filosofía en tales cualidades, de inutilidad y en su oposición con la práctica. Nada más lejano de la verdad de lo que ha sido y es la filosofía junto con la práctica filosófica desde la Antigüedad, pues en verdad, la filosofía ha sido, es y será una práctica vital que define la praxis tanto individual como colectivamente.



El cuerpo en la filosofía de Spinoza y Nietzsche




                                                                                                  “Debemos querer vivir los grandes problemas
                                                                                                         con el cuerpos y con el alma.”
                                                                                                                                   Nietzsche

Una de las coincidencias temáticas fundamentales, y quizá la primaria, que Deleuze identifica en Spinoza y Nietzsche es la radical reivindicación del cuerpo frente a la canónica reflexión en torno al alma o al espíritu, en un tono de disidencia y provocación que lo llevan a considerarla en ambos como un auténtico “grito de guerra” filosófico[1] que atiende no solamente a una cuestión vital sino que además cuestiona frontalmente la casi totalidad de la tradición filosófica dominante eminentemente idealista. Pues en pleno siglo XVII Spinoza lanza, como una proposición de la Ética, el grito:

En efecto, nadie ha determinado hasta aquí lo que puede el cuerpo,  esto es, la experiencia no ha enseñado a nadie hasta aquí lo que el cuerpo, por las solas leyes de la Naturaleza en cuanto se la considera sólo como corpórea, puede obrar, y lo que no puede, sin ser determinado por el alma. Pues nadie ha conocido hasta aquí tan exactamente la fábrica del cuerpo como para poder explicar todas sus funciones…[2]

Y en el siglo XIX Nietzsche responde como un eco a este grito afirmando que: “sólo hay estados corporales; los espíritus son consecuencias y símbolos”[3]; “el cuerpo es una noción más sorprendente que la antigua <<alma>>.”[4]

El cuerpo es una gran razón, una pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor. Tu pequeña razón, hermano, ésa a la que llamas “espíritu”, es también un instrumento de tu cuerpo, un instrumento humilde y un juguete de tu gran razón (…) Detrás de tus pensamientos y de tus sentimientos, hermano, hay una amo poderoso, un sabio desconocido que se llama sí mismo. Habita en tu cuerpo; es tu cuerpo. Hay en tu cuerpo más razón que en tu más profunda sabiduría…[5]

Y en ambos, se trata de la misma cuestión vital: la liberación de los cuerpos sometidos por los más diversos medios en nombre de las eminencias del alma o el espíritu, en todas las vastas dimensiones que implica la corporalidad desde la esclavitud física, la servidumbre moral, psicológica y sexual hasta la alienación de la fuerza productiva o creadora en todos los ámbitos de lo humano.

La corporalidad así tomada constituye una auténtica revolución en el pensamiento, pues se trata de la cuestión central, el eje desde el cual se propone partir para pensar el resto de cuestiones. Pensar desde el cuerpo en vez desde el alma implica un cambio radical de la filosofía pues se pasa súbitamente, de un solo golpe, de una filosofía de la trascendencia a una filosofía de la más radical inmanencia, en la cual, todo es completamente distinto desde las metodologías hasta los propósitos con los que se piensa, y por supuesto, sus consecuencias, ya que la realidad no depende de otro mundo o instancia sino del mundo mismo. Y simultáneamente con la reivindicación del cuerpo como tema central de la filosofía, el pensamiento se vincula de una manera completamente diferente con la realidad y con la vida, de tal manera, Spinoza inaugura el materialísimo moderno vitalista que Nietzsche continúa, en una dinámica productiva e inmanente del mundo, en la cual, el hombre y su actividad adquieren una cualidad creadora o poyética de su propio mundo tanto material como espiritual. Es decir, se trata de una filosofía en la que la realidad es producto de la labor, pero sobre todo, del poder y las capacidades del ser humano, y en la cual, ese mismo mundo está liberado de cualquier proyecto teleológico o plan trascendente, y más bien se convierte en un “plano” donde el hombre ha de crear también el sentido: la inmanencia radical.  

La manera en que el eje-cuerpo articula todo un nuevo pensamiento es retomando elementos de cierta parte de la tradición filosófica materialista olvidada, una suerte de atomismo que Deleuze identifica desde las mezclas de cínicos y estoicos,[6]y el atomismo antiguo de Epicuro y Lucrecio, desde los cuales, los cuerpos y sus componentes, también corporales “átomos”, constituyen la dinámica propia de un universo eterno en el que sus componentes increados e imperecederos, también eternos, en su interacción conforman y desintegran los entes-cuerpos existentes, explicando su particular tipo de existencia. En estos términos, Spinoza concibe a Dios como la sustancia única e infinita expresada en los modos-cuerpos de atributos,[7] que interactuando entre sí comparten la sustancia donándola y perdiéndola, articulando y desarticulando los cuerpos. Y paralelamente, Nietzsche concibe el Universo como un entramado de fuerzas, eterno, y por ello, increado, inmensamente poderoso que tiene su propia dinámica de auto-recreación consumada en la idea del eterno retorno.





domingo, 27 de enero de 2019

Reseña de la película Roma


La película es buena. Más allá y más acá de disputas personales, compromisos comerciales y posicionamientos políticos. Pero, debido a la manera en que es producida y comercializada es sobrevalorada en muchos aspectos, y en cierto modo, como con todo producto cultural, este aspecto resulta fundamental en la forma y contenido mismo de la obra. Para Roma, incluso más que para otras películas, su producción y comercialización funcionan como contexto de significación pues la sobrevaloran y resignifican.

En términos audiovisuales la película es sobresaliente, debido en gran parte a la tecnología de la que se echa mano para su filmación y edición. En tomas, fotografía, sonido y  edición se nota la utilización de tecnología de punta para producir no solamente buenas imágenes y sonido, sino, una calidad homogénea que crea la unidad de una misma atmósfera nostálgica e intimista, a lo largo de toda la película se nota que es la mirada olos recuerdos de los miembros de una misma familia. Sin embargo, la estructura y el contenido se ven comprometidos por la ambición del director, que exigió a su idea cinematográfica más de lo que podía dar en términos tanto narrativos como estéticos.

Desde el título de la película el director se busca situar en una órbita cinematográfica mayor, pues el título de la película y haberla filmado en blanco y negro inevitablemente remiten al movimiento del neorrealismo italiano, lo cual, es una posición demasiado exigente que terminó rebasándolo y tuvo como consecuencia una afectación de la película que casi termina por opacar los elementos positivos y cualidades de la misma. Esta pretensión hace que el director prolongue demasiado una historia y un guion que no dan para dos horas, prolongando demasiado tanto planos como escenas carentes de una diversidad de elementos para la contemplación y reflexión, convirtiéndolos tanto en lentos como pesados, así como, haciendo que ciertas escenas importantes pierdan fuerza o lleguen a destiempo. Situarse en el ámbito del neorrealismo implica además una dimensión política de la cual carece la película, pero de la que pretende ocuparse al vincular tangencialmente la trama con los acontecimientos del 71 en los que un grupo de paramilitares reprimen a estudiantes; mientras que el aspecto político del neorrealismo básicamente consiste en un dejo crítico e incluso subversivo frente a la sociedad de posguerra, filmando sin escenografía y si actores profesionales los efectos catastrófico de la guerra y trastocándolos con la irrupción  subversiva de elementos inesperados e incluso milagrosos que son capaces de transformar ese medio social real. Lo cual contraste intensamente con la película Roma, en la cual, más que una crítica o intento de subversión hay una rememoración del mundo de la clase media citadina –por lo que el aspecto crudo visualmente de lo real sólo se da en los tendederos o en los espacios fuera del ámbito doméstico -, y por ello, pareciera incluso una celebración de la situación marginal de la empleada doméstica que es celebrada desde la perspectiva nostálgica y personal de director, pues el orden jerárquico de la sociedad mexicana hace posibles sus recuerdos.

En términos culturales la película es interesante ya que aborda la temática central en la cultura mexicana del abandono del padre visto desde la perspectiva subordinada de dos mujeres y del director mismo con los recuerdos de su infancia. Este elemento es interesante sin llegar a ser crítico, pues se conforma con la rememoración, ya que muestra de manera extensiva como este problema en la sociedad mexicana atraviesa estratos diversos, y algo novedoso, cómo es vivido y recordado en primera persona por parte de alguien dedicado al cine que a la par de esta experiencia va conformando su subjetividad y sensibilidad. La particular perspectiva  de las mujeres se presenta como una situación de vulnerabilidad frente a la hostilidad del entorno representada por la amenaza del medio natural y social del incendio del bosque, la represión a los estudiantes y la amenaza del mar en la escena en la que la trabajadora rescata a los niños de un mar violento a pesar de no saber nadar. Las mujeres son vulnerables por el entorno y a pesar de esa vulnerabilidad enfrentan lo adverso.

 En lo que respecta a la producción y distribución, hay una sobrevalorización de la película, que como ya dijimos es buena y se sostiene a pesar de los riesgos que le hace correr el director y que casi la convierten en una película  no lograda. Si bien, la película tiene una forma y un contenido consistentes, el tipo de historia que narra no exige nada extraordinario de personajes y actores, al contrario, su situación es de pasividad, y por ello, los sucesos les van pasando y no son provocados por sus acciones, de ahí que sea difícil un desarrollo argumental notable en los diálogos o una actuación sobresaliente. El guion y la historia no exigen un gran trabajo actoral ni por parte de la producción, por el contrario, la medianía se presenta acorde con una historia con pocos sobresaltos y un planteamiento estético que no busca cuestionar ni criticar sino tan sólo reproducir lo rememorable. La importancia que se le está dando a la película en premiaciones, es sobre todo, producto del trabajo de publicidad de Netflix que busca entrar en el ámbito del cine, mostrando una cara políticamente correcta con una historia sobre mujeres, en la cual, una de ella es indígena. El éxito de Roma garantiza para Netflix la entrada y el posible control de la industria cinematográfica, una ambición excesiva pero que sin embargo puede concretarse como uno de los negocios de la industria cultural más importantes de las últimas décadas.

jueves, 3 de enero de 2019

López Obrador más cercano a Bolsonaro y a Trump que al pueblo que lo llevó al poder


Este 2019 empieza con la confirmación de varias sospechas y advertencias de análisis previos hechos respecto al gobierno de López Obrador. Algunos de los intelectuales más críticos en México y el  movimiento político mexicano más importante de los últimos 25 años, el EZLN, advirtieron del carácter no solamente derechista sino incluso fascista del gobierno entrante, a partir del análisis respecto a los integrantes del movimiento que lo llevó al poder MORENA, la actitud dogmática de sus seguidores y autoritaria del líder, los miembros del gobierno entrante y los primeros proyectos. Un movimiento integrado por algunos de los personajes más corruptos de los partidos que ya antes habían gobernado y contra los que supuestamente el movimiento MORENA constituía una alternativa, empresarios relacionados con los anteriores presidentes y grupos políticos que se han beneficiado con la privatización de los recursos naturales y empresas paraestatales,    es decir, la continuidad del proyecto neroliberal pero con la máscara de un gobierno populista y popular  

Este primero de enero en territorio zapatista, como cada año, la Comandancia General y las Bases de Apoyo participaron en un evento conmemorativo del levantamiento zapatista y el inició de la puesta en práctica de la autonomía en su territorio, es decir, la puesta en práctica de su propuesta política al margen de los gobiernos oficiales. En este evento el EZLN a través de su vocero el Subcomandante Moisés manifestaron de una manera directa su rechazo y oposición activa al gobierno de López Obrador, dijeron   que no solamente se trata de un gobierno que miente al pueblo diciendo que gobernará para beneficiar a ricos y pobres, cosa que según ellos no se puede hacer puesto que, o estás con el explotado o estás con el explotador; sino que, los proyectos más importantes de su gobierno constituyen amenazas directas al movimiento zapatista y a las comunidades y pueblos indígenas del país, pues van por sus territorios. Amenaza ante la que el movimiento zapatista, a través de su vocero, manifestó que no tendrán miedo ni se dejarán, venga lo que venga haciendo alusión no solamente a su oposición activa a estos proyectos sino también su eventual enfrentamiento ante un ataque del ejército disfrazado de guardia nacional en este gobierno, pues el EZLN no dejará de organizarse, resistir, luchar: “Aunque consulten a mil millones, no nos vamos a rendir. O aunque le pidan permiso a su chingada madre, no nos vamos a doblegar.” Frase que hace alusión al triunfo de Obrador por 30, 000 000 de votos con los que pretende legitimar todas sus acciones,  las consultas referéndums con que su gobierno busca sobre legitimar sus proyectos más sospechosos y agresivos, así como, los espectáculos indigenistas con que su gobierno desde su inicio ha utilizado a organizaciones priistas para aparentar un supuesto apoyo de todos los grupos indígenas del país. En el mismo discurso el EZLN recalcó que ante el engaño generalizado nuevamente se hace evidente que están solos, que todo lo que han hecho con todo y los errores lo han hecho ellos y que nadie va a venir a salvarlos, con lo que manifiestan entender la gravedad del dogmatismo de las masas con un gobierno neoliberal que viene a terminar lo que los otros dejaron inconcluso.

Las características fascistas en las que coincide Obrador con Bolsonaro y Trump es importante señalarlas pues ya varios críticos y el mismo zapatismo el año pasado dieron este adjetivo al nuevo gobierno. Aunque algunos críticos sudamericanos empiecen a exigir un análisis más riguroso de estos gobiernos que los distinga de los gobiernos fascistas del siglo XX, e s importante señalar que aunque los contextos sean diferentes, y por ello, muchas de sus características también, hay elementos comunes con estos movimientos, algunas incluso agudizadas por el desarrollo del poder económico y militar, así como por el desarrollo de la tecnología y las telecomunicaciones que caracterizan particularmente las maneras de comunicación y las formas de estos gobiernos, aunado a que muchos elementos del fascismo iniciaron antes del siglo XX y sobrevivieron a la derrota del eje en la Segunda Guerra Mundial. Hay que señalar que entre estos movimiento no sólo hay diferencias sino también elementos comunes, incluso la supervivencia de fuerzas y grupos que emergieron en el fascismo del siglo pasado, empresas y capitales en particular que podrían rastrearse en un estudio detallado que abarcaría los primeros movimientos colonizadores y las pugnas entre sus actores.