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La Vitalidad es el presente. Todo está en la vida y es la vida, los cuerpos mueren pero la vida continúa, es eterna. Siempre se está en medio de la vida y la vida en medio de nosotros. Nos atravisa para llegar a otros, así como atravesó a otros, para llegar hasta nosotros. La vida es incontrolable, poderosa, inalienable, misteriosa, creativa. La vida es salvaje: es el amor.



martes, 19 de mayo de 2026

¿Tecnofascismo o totalitarismo digital?


La relación de la tecnología con el poder es ancestral. Podríamos decir incluso que primaria o consustancial, desde los primeros usos de las piedras y los trozos de madera como herramientas y armas con las que algún miembro de las primeras comunidades humanas se hacía de una ventaja o superioridad. Relación primitiva que nos recuerda la célebre escena de Odisea al espacio 2001, en la que un integrante de las primeras hordas simiescas se yergue en sus dos piernas y en toda la majestad de su estatura para blandir un garrote frente a sus asustados congéneres. El uso violento, sombra primitiva y atávica, que acompaña al desarrollo y aplicación de la tecnología; sin embargo, como todo en este mundo, por lo menos tiene otra cara, a veces, un poco luminosa y hasta esperanzadora. Ya que la tecnología como objeto o instrumento es hasta cierto punto y medida, neutral: ni buena, ni mala, ni dominadora ni liberadora por sí misma, sino, siempre dependiente de la intención y la utilidad que el ser humano le de. 

 

Y precisamente, la situación política, social y cultural que define nuestro tiempo es la de una época prevista con alarma por la literatura, la filosofía y el cine desde hace ya casi un siglo; y que se empieza a descubrir y definir como un mundo dominado por las máquinas de las que la mayor parte de los seres humanos han perdido el mando, e incluso, a las que se someten a su poder de vigilancia y control permanentes (G. Deleuze/Sociedades de control). 



  

 

I.               La nueva época: el elogio de la Era Digital 

 

Ahora bien, a pesar de que constante y enfáticamente se viva esta nueva situación social como una cotidianidad en la que la tecnología informática lo ha transformado radicalmente todo (relaciones sociales, trabajo, estudio, erotismo, entretenimiento y comunicación); y que se hable, hasta el cansancio y en todos los espacios, generalmente de manera elogiosa de esas transformaciones como propias de un progreso civilizatorio indetenible. En realidad, es más lo que ignoramos de sus implicaciones actuales y sus consecuencias a corto y mediano plazo que sus supuestas cualidades y virtudes que “conocemos” de sobra por el modo en que son celebradas por los discursos no solamente sospechosamente acríticos, sino, sobre todo, ingenuos -e incluso, fanáticos y hasta seudorreligiosos-, provenientes generalmente de representantes de las empresas tecnológicas o de sus principales clientes como son los gobiernos y las plataformas tecnológicas (Facebook, X, Google o Amazon).  

 

Y tal desconocimiento o ignorancia de las implicaciones y consecuencias de los usos de la tecnología informática, no es producto o efecto ni de la complejidad de algo que no podamos comprender ni de su novedad radical, sino: 

 

1)    La forma de un ocultamiento deliberado, calculado, y sobre todo, lucrativo del conocimiento por parte de las empresas tecnológicas y sus principales clientes que desde el diseño y desarrollo de las tecnologías propician la secrecía de su funcionamiento con códigos de programación cerrados y estructuras autoritarias de softwares, hardwares e interfaces, que a pesar de haber sido desarrollados con y a partir de los conocimientos de comunidades -sobre todo de universidades públicas y de aficionados-  su propiedad es privada y su diseño -lo que se puede hacer o no con ellas- limitado a la mercantilización de productos y licencias.

 

2)    El efecto del aprovechamiento de novedades mensurables o predecibles por parte    de empresas y consorcios tecnológicos, que aprovechan para hacer negocios con los recursos y bienes -individuales y colectivos- vulnerables de “apropiación” -despojo- por los vacíos legales sobre materias que por la situación anterior de las tecnologías no eran reguladas: la propiedad de los datos personales, la intimidad o privacidad de la “vida” virtual de los ciudadanos, los diferentes tipos de responsabilidad por las consecuencias y daños provocados por la prestación de servicios digitales, los monopolios transicionales en industrias y mercados nuevos (buscadores, redes sociales o ventas online), la responsabilidad social y la regulación de los “contenidos” de entretenimiento multimedia…