l

La Vitalidad es el presente. Todo está en la vida y es la vida, los cuerpos mueren pero la vida continúa, es eterna. Siempre se está en medio de la vida y la vida en medio de nosotros. Nos atravisa para llegar a otros, así como atravesó a otros, para llegar hasta nosotros. La vida es incontrolable, poderosa, inalienable, misteriosa, creativa. La vida es salvaje: es el amor.



domingo, 20 de enero de 2013

LA POTENCIA DE LA IMAGINACIÓN EN DELEUZE

La política es la columna vertebral del pensamiento de Gilles Deleuze, quien toma como eje orientador de su pensamiento el desarrollo de los conceptos de Brauch de Spinoza y de Friedrich Nietzsche relativos a una nueva manera de considerar el fenómeno de lo político en términos de fuerzas e inmanencia.

Una precisión metodológica fundamental consistente en distinguir cuidadosamente el uso que Deleuze hace del término “poder” y del término “potencia”. Ya que si bien, la política es una constante en su obra la manera en que trata de abordarla y de resolver sus problemas dista mucho de las concepciones convencionales, y la manera que tiene de señalarlo es con el uso reiterativo de los conceptos y la eventual aclaración del sentido de los mismos. En estos términos, el objetivo del presente texto es ir más allá del condicionamiento teórico respecto a lo político y esbozar en qué consiste la política inmanente y corporal: la potencia. En la cual, lo político es lo más propio de cada ser humano, la fuerza inherente con y por la que cada cuerpo existe.

Fuerzas Inmanentes

Deleuze desarrolla su propio pensamiento dándole continuidad a los pensamientos de Nietzsche y Spinoza, en quienes ve una gran identidad. Y precisamente, para ambos pensadores resulta fundamental el desarrollo de una nueva concepción política a la cual arriban a través de todo el andamiaje conceptual en torno a la metafísica, la ética o la crítica a la teología. Dicha concepción política está definida en ambos pensadores por una inmanencia radical como el espacio privilegiado desde donde dirigen todas sus críticas a todas las instituciones de su tiempo, pero sobre todo, desde donde encuentran las claves que orientarán la producción de nuevos conceptos políticos.

La inmanencia es la perspectiva básica desde la cual parten los planteamientos de estos pensadores. Es una concepción unívoca de la realidad, según la cual, la realidad es una totalidad absoluta, tanto en sus causas como en sus efectos que no son sino las diferentes formas de manifestación de esa totalidad eterna, sin principio ni fin, sin adentro y sin afuera que engloba, explica e implica el Todo del Ser...


Desde esta perspectiva, se elimina toda instancia o dimensión trascendente a la realidad, (Principio creador, topus uranus, Dios-padre) Deleuze diría todo 1 que esté por encima del ser; y con ello, simultáneamente, se eliminan también la jerarquía de los entes y los órdenes morales y políticos absolutos, a cambio de una realidad autopoyética que en su devenir produce y reproduce diferentes órdenes transitorios.

A su manera, tanto Spinoza como Nietzsche asumen la perspectiva de la inmanencia y en función de ello elaboran sus conceptos en torno a lo político, sin embargo, el hecho de partir del mismo lugar teórico hace que coincidan en varios aspectos fundamentales como son: 

La importancia clave reconocida al cuerpo.
Lo político entendido en los términos de fuerzas.
La dinámica de la servidumbre y la liberación en los términos de la recuperación 
            de las propias fuerzas.
La importancia que adquiere la vida afectiva.
Una especie de atomismo basado en el encuentro y las relaciones entre cuerpos.

Spinoza

En el pensamiento de Spinoza los conceptos políticos claves son tres: el conato, la potencia y el afecto. Ya que por una parte expresan la realidad de una política radicalmente inmanente fundada en una ontología pura; y por otra, determinan las dimensiones de la psico-afectividad, el comportamiento, los valores y las relaciones sociales en general.

Si bien, el conato ha sido el concepto más destacado por los comentadores del pensamiento de Spinoza, la especificidad de la interpretación de Deleuze consiste en considerarlo en una relación, incluso subordinada, con respecto a los conceptos de  potencia y afecto.# Puesto que para Deleuze, siguiendo una estricta interpretación inmanente, el conato no es algo dado, invariable y diferente a la existencia misma del hombre, que en virtud de una superioridad y pureza regiría la existencia, ya que de serlo, adquiriría características propias de un elemento trascendente previo o superior a la existencia que haría de causa o principio. Al contrario de esto, Deleuze entiende el conato como la dimensión más propia e inherente a la existencia de cualquier cuerpo: la fuerza con y por la cual cualquier cuerpo existe, persevera en el ser y actúa en el mundo. Para desarrollar tal concepción dinámica además de inmanente, Deleuze se vale fundamentalmente de dos conceptos utilizados por Spinoza en la Ética demostrada según el orden geométrico de las cosas, la fuerza de existir (vis existendi), y la potencia para actuar (potentia agendi).

De acuerdo a la interpretación de Deleuze, el conato, que es la fuerza con la que un cuerpo persevera en el ser de su específica existencia, varía constantemente en función de la dinámica de encuentros (ocurssus) de su cuerpo y su pensamiento, que no solamente se relacionan de manera superficial con los otros cuerpos e ideas, sino de una manera tan profunda que implica una mezcla, de la cual, se puede salir favorecido o perjudicado con un nuevo estado (constitutio) de la totalidad del cuerpo mismo, incluyendo, sobre todo, al conato mismo, en función de si las relaciones constitutivas del cuerpo y el pensamiento son favorecidas o perjudicadas con mayores fuerzas (fuerza de existir y potencia para actuar). Ahora bien, la estructura de las fuerzas propias e interiores del cuerpo con la que habrán de encontrarse los cuerpos externos, básicamente es un umbral, un conjunto de grados que tienen un máximo y un mínimo, una virtualidad o posibilidad en estricto sentido, es decir, no algo irreal sino una gradación que cuenta con un específico estatus de realidad: un espectro de diferentes grados de intensidad de las fuerzas que en el extremo de su máximo y mínimo son todo lo que puede experimentar un cuerpo, su potencia. Siendo el mínimo el nivel más bajo de sus fuerzas en el que las relaciones entre las partes del cuerpo están a punto, a un grado, de deshacerse por carecer del elemento que las actualiza; y el grado máximo, el exceso de fuerzas, en el cual, las relaciones entre las partes “literalmente” pueden “romperse” por saturación de fuerza, al sobrecargar una o varias relaciones con una fuerza tal que terminan por invadir o sustituir otras relaciones que resultan vitales para el cuerpo.

En esto términos, la potencia en Spinoza es el umbral de intensidad con el que un cuerpo puede soportar y aprovechar la fuerza vital, es decir, la variedad de posibles estados corporales con los que un cuerpo puede aprovechar la energía que obtiene en su dinámica de encuentros-mezcla con otros cuerpos. Concepto que redefine la manera de entender el conato, puesto que la potencia más que lo previo es lo esencial de toda existencia, el umbral a actualizar en la existencia y que sólo en la existencia puede realizarse, conocerse y definir sus extremos de máximo y mínimo. Así las cosas, las fuerzas de la vida humana, fuerza de existir y potencia para actuar, definen su articulación en cada cuerpo (la manera en que aumentan, disminuyen y se expresan como actuar) en los términos del umbral de intensidades que es la potencia. 

Ahora bien, la consecuencia imanente de todo este entramado ontológico es la determinación, paralela (por simultánea), de la realidad subjetiva y social. Ya que las modalidades con que acontece en la totalidad del cuerpo es con los afectos de la alegría (leatitia) y la tristeza (tristitia), que implican el paso de un estado de menor a mayor perfeccionamiento y viceversa, donde la fuerza de existir y de actuar conllevan una determinación psicológico-afectiva, que a su vez, desemboca en un actuar ético y político determinado. Puesto que, el conato, además de variar en su intensidad también lo puede hacer en su sentido, reduciéndolo al mínimo de su umbral de potencia o abriéndolo a su totalidad, lo que implica necesariamente una literal pérdida o apropiación de la potencia que el cuerpo esencialmente implica y de las fuerzas de las que va aprovechando.


Nietzsche

Por su parte, la concepción política de Nietzsche, si bien, no es en primera instancia tan clara, al no abordar directamente los problemas políticos o hacerlo sólo marginalmente. Tal condición es sólo aparente, ya que como muchos contenidos capitales en su obra solamente están disimulados en su estilo críptico, que como advirtió Deleuze hay que saber leer, para saber de qué habla o a qué se refiere, pues el hilo de la agresividad recorre el pensamiento de Nietzsche, y sin decirlo, está dirigido contra enemigos claros (el idealismo), pero también, hacia objetivos constructivos bien definidos como lo es la conceptualizacion práctica de una nueva política afirmativa e inmanente.

Una manera de acceder a la propuesta política de Nietzsche es a través del concepto de voluntad de poder, con el riesgo de convertir la aparente claridad e inmediatez en la trampa de confusión en que lo han convertido el uso histórico que se ha hecho del concepto por parte de la tradición conservadora germánica. Ya que como uno de los lugares comunes más difundidos de la filosofía durante el S. XX, a Nietzsche se le relaciona únicamente con la muerte de Dios, la locura y la voluntad de poder. Entendiendo por voluntad de poder algo muy cercano al dominio o a una concepción política conservadora. La fama que adquirió tal concepción es producto del trabajo de "conservación" llevado a acabo por la hermana de Nietzsche, Elizabet Förster, promovido y aprovechado por el partido nazi, a través de la creación del archivo Nietzsche y la edición de las obras del autor, particularmente de la compilación de fragmentos póstumos titulada La voluntad de poder.

El libro La voluntad de poder es una compilación apócrifa de fragmentos, falsa desde el orden hasta el contenido de los mismos, escogidos e incluso alterados directamente  por Elizabet Förster, en función de sus propios intereses antisemitas, que el partido nazi después se encargó de promover como la obra capital del filósofo.

Sin embargo, como Deleuze muestra sistemáticamente en su interpretación, es posible recurrir provechosamente al concepto de voluntad de poder si  se tiene el cuidado de contextualizarlo con la mayor parte del pensamiento nietzscheano que sea posible, siguiendo además el desarrollo del concepto mismo, lo que significa estudiarlo de manera genealógica. Donde genealogía implica interpretación: identificación y desarrollo de las fuerzas al interior de un cuerpo que le dan sentido y significado.# En estos términos, el concepto de voluntad de poder puede mostrar en qué consiste la propuesta política nietzscheana. 

La voluntad de poder no es una voluntad que quiere el poder establecido ni para sí ni para nadie, no lucha por el poder. Fundamentalmente es una voluntad de autosuperación o de “enseñoramiento de uno mismo” (volverse señor de uno mismo).# Para entender esto, lo primero que tenemos que entender es a qué se refiere Nietzsche cuando habla de voluntad.

Para Nietzsche la voluntad es un fenómeno múltiple propio de una dinámica entre fuerzas contradictorias. Fuerzas activas que se afirman dando forma a la materia y fuerzas reactivas que contienen a las fuerzas activas permitiendo darle continuidad a las formas, y con ella a la existencia y la vida de los organismos. Por ello, es que el equilibrio entre ambas fuerzas hace posible la vitalidad, que consiste en la afirmación de las formas de la vida y la libertad de los cuerpos que son dueños de sus propias fuerzas; y que perder la armonía de su colaboración, produce la enfermedad del cuerpo y el sometimiento del espíritu predominando en la vida de un cuerpo las fuerzas externas, de las cuales, terminan dependiendo los cuerpos en la determinación de sus formas de existencia. A esa conquista o pérdida, que determina quién manda y quién obedece es a la que se refiere Nietzsche cuando habla de voluntad de poder.  

Allí donde encontré seres vivos oí hablar siempre de obediencia. Y es que todo ser vivo es obediente. Lo segundo que vi: que sólo se manda a quien no sabe obedecerse a sí mismo. Así es la especie de los seres vivos. Y lo tercero: que resulta más difícil mandar que obedecer. Y no sólo esto, sino que quien manda ha de soportar el peso de quienes obedecen, corriendo el riesgo de que le aplasten. En todo acto de mandar  he visto siempre  un ensayo y un riesgo. Siempre el ser vivo que manda se arriesga a sí mismo, y hasta cuando se manda  a sí mismo ha de expiar su acto de mandar, ha de ser juez, vengador y víctima de su propia ley. ¿Qué es lo que induce a los seres vivos a obedecer y a mandar, y a que obedezcan incluso cuando mandan?  ¡Escuchad, pues, mis palabras, sapientísimos! ¡Examinad pues si he penetrado en el corazón mismo de la vida, si he llegado hasta las mismas raíces de su corazón! (…) Siempre que he visto un ser vivo he encontrado voluntad de poder: hasta en la voluntad del siervo encontré la voluntad de ser señor. Al más débil le induce su voluntad de servir al más fuerte, porque esa voluntad quiere dominar a lo que es más débil aún: se trata de un goce del que no quiere privarse…

Como vemos la dinámica entre fuerzas también está presente la primera vez que Nietzsche habla plenamente de la voluntad de poder, que es en el libro Así hablo Zaratsutra, en un apartado titulado De la superación de uno mismo, en el cual, como vemos Nietzsche identifica como una característica de todo ser vivo la voluntad de poder, pero sobre todo, a esta voluntad como una característica de la vida misma que le convierte en "aquello que a de ser superado". Esto es algo muy importante ya que define tres elementos de la voluntad de poder que le acercan a la concepción política de la potencia:

1.  Forma parte esencial de todo ser vivo.
2. Implica una dinámica entre fuerzas que están en una pugna y mezcla constantes.
3. Se concreta en la dimensión de la afectividad.
4. La servidumbre o liberación del hombre se realiza en los términos de apropiación o pérdida de dicha instancia.

De hecho, al hablar de voluntad lo primero que hace Nietzsche es evidenciar el error tan común y exagerado de suponer que se entiende lo que es la voluntad al entenderla simplemente como querer, sin determinar quién quiere ni qué es lo que quiere, como si los dogmas del libre albedrío judeo-cristiano fueran razones y conocimientos de una realidad más bien compleja y desconocida cuya investigación y conquista es una de las victorias más preciosas, pues consisten en la conquista de uno mismo: la única victoria que es posible y lo que realmente importa en la práctica del conocimiento.

“¿Qué entre el concepto de la voluntad no hay divergencia entre filósofos, porque todos ellos creen que sobre ello poseemos una certeza inmediata, que constituye un hecho fundamental y que sobre este punto no cabe opinar? ¿Y que los lógicos todos enseñan la trinidad “pensar, sentir, querer”, como si el querer no contuviese ningún sentir ni pensar? Después de todo lo cual, el gran error de Schopenhauer, que considera la voluntad como la cosa más conocida del mundo, y hasta como la cosa únicamente conocida, este gran error, digo, nos parece menos necio y caprichoso: no han hecho más que aceptar un gran prejuicio de la filosofía tradicional, y como generalmente hacen los filósofos: le han exagerado."

Por el contrario, desde las primeras veces en que Nietzsche se aventura a hablar de voluntad, la identifica inmediatamente con un problema propio de lo múltiple, como si desde el principio tratara de conjurar las confusiones de la teología y la moral que tienden a identificar la voluntad como un fenómeno unitario del alma también unitaria, cuando  trata de "el problema" de "lo múltiple" por excelencia. Y simultáneamente, identifica la voluntad con la dimensión de la afectividad, de la sensibilidad y los sentimientos, al indicar que la voluntad es una especie de estado de la sensibilidad, en el cual, además de existir un tránsito entre diferentes estados existe un pugna entre ellos por predominar existiendo por lo menos tres estados, el estado en el que se está, el estado en que se estaba y el estado al que se quiere transitar.

“Voluntad”: En cada volición hay: 1) una pluralidad de sentimientos reunidos: el sentimiento del estado del que se quiere salir y el sentimiento del estado al que se quiere llegar, el sentimiento de esta misma acción de dejar un estado y tomar otro, todo ello acompañado de un sentimiento muscular concomitante, que ha pesar de que no pongamos en movimiento los brazos ni las piernas se opera en nosotros por una especie de hábito en el momento en que “queremos”. Por consiguiente, el sentimiento, un sentimiento múltiple, es el ingrediente de la voluntad, y luego también 2), el pensar: en cada acto de voluntad hay un pensamiento que manda, y no hay que creer que este pensar se puede separar del “querer”, como si después de separado quedase la “voluntad”; 3), la voluntad no es sólo un complejo de sentimientos y pensamientos, sino también, y ante todo, un afecto: la pasión del mando. Lo que se ha llamado “voluntad libre” es aquel estado mixto del que quiere, que manda, y a la vez se complace, y a la vez goza del triunfo de la superioridad sobre la resistencia, y que juzga o cree que la voluntad vence las resistencias: toma el sentimiento placentero del instrumento victorioso que ejercitó, la voluntad que sirve y la subvoluntad por el sentimiento placentero del que manda…”

Potencia Vs Poder

Para Deleuze es fundamental el desarrollo de la categoría de potencia a partir de los planteamientos de Spinoza y Nietzsche, pues como él mismo señalaba en relación con el trabajo filosófico, la filosofía consiste en trabajar con el pensamiento creando conceptos que los filósofos dejan en ciernes para que otros filósofos continúen el trabajo llevando los conceptos a un más allá en una labor de continuidad que abarca generaciones. Es cierto, dice Nietzsche, que actualmente los filósofos se han convertido en cometas. Pero desde Lucrecio hasta los filósofos del siglo XVIII debemos observar estos cometas, seguirlos todo lo posible, hallar su camino fantástico…"

Los conceptos que él como filósofo trabaja, en su mayor parte tienen que ver con una nueva concepción política, pues como sostiene también, la filosofía responde a los problemas de la realidad que ejercen una violencia en el pensamiento y le dan sentido a los conceptos: 

"Cuando Heidegger anuncia: todavía no pensamos, un origen de este tema se halla en Nietzsche. Esperamos las fuerzas capaces de hacer del pensamiento algo activo, absolutamente activo, el poder capaz de hacer del pensamiento una afirmación. Pensar, como una actividad, es siempre una segunda potencia del pensamiento, no el ejercicio natural de una facultad, sino un acontecimiento extraordinario para el propio pensamiento.  Pensar es una n… potencia del pensamiento. Y debe ser elevado a esta potencia para que se convierta en “el ligero”, “el afirmativo”, “el danzante”. Y jamás alcanzará esta potencia si algunas fuerzas no ejercen sobre él una violencia…"

Y la situación crítica en que se encuentra la civilización reclama al pensamiento, sobre todo, nuevas formas de enfrentar el poder devastador de la política establecida que esparce destrucción y muerte en las formas de explotación, miseria, hambre y guerras en todos los lugares del planeta y ponen en riego la existencia de la cultura con la amenaza de la avanzada  de la barbarie.

En este sentido, es que Deleuze enfrenta la categoría de potencia a la de poder, pues para él, todo poder busca someter y dominar a los hombres privándolos de lo que pueden y entristeciéndolos en una dinámica donde tiranos, sacerdotes y jueces buscan determinar los cuerpos y pensamientos de los hombres enajenando sus fuerzas, convirtiéndolos en esclavos-cómplices de la miseria y rompiendo sus almas, puesto que un alma rota necesita de un tirano:

"Sí, como decía, efectuar algo de la propia potencia es siempre bueno: es lo que dice Spinoza. Naturalmente, ello plantea problemas, que requieren algunas precisiones. No hay potencia mala, lo que es malo, habría que decir, es el grado más bajo de la potencia, y el grado más bajo de la potencia es el poder. Quiero decir: ¿qué es la maldad? Es impedir que alguien haga lo que puede. La maldad es impedir que alguien haga, que efectúe su potencia, de tal suerte que no hay potencia mala: hay poderes malos. Y tal vez todo poder sea malo por naturaleza. No necesariamente, porque sería demasiado fácil decirlo, pero se trata de la idea de la confusión entre el poder y la potencia: es una idea ruinosa, porque el poder separa siempre a la gente que está sometida de aquello que pueden. De tal manera que Spinoza parte de ahí. En efecto, como decías: «La tristeza está ligada a los sacerdotes, a los tiranos, jueces. Se trata de gente que, siempre, ¿no?, separa a sus súbditos de aquello que estos pueden, que prohíben efectuaciones de potencia…"

Esta posición tan radical por parte de Deleuze lo sitúa de una manera extremadamente problemática respecto al mundo fáctico de las instituciones, y por decirlo de una manera visual, le abre un basto horizonte completamente alterno, el de lo posible. Y por posible no hay que entender de ninguna manera irreal, como él lo hace entender todo el tiempo, pues lo posible es también lo real como potencialidad y virtualidad, que de diferentes modos y con diferentes grados de realidad ya existe, ha existido y existirá como parte de la realidad. Para Deleuze, pensar fundamentalmente consiste en ser capaz de concebir lo posible, en desentrañar los virtuales como formas de existencia y de vida; y esto de una manera concreta, tanto para el individuo en tanto cuerpo como para la humanidad como colectividad histórica.  

Precisamente en tal labor de concebir lo posible y sus virtuales concretos reside una de las principales funciones y la potencia de la facultad de la imaginación, que antes de trabajar con ella especulativamente Deleuze lo hace de una manera estética, a través de la literatura a lo largo de toda su obra, y en la parte final, con el cine. De este modo, abre o reconoce para la estética un campo de acción mucho más amplio, y sobre todo, vital, el de la imaginación como agente visualizador y experiencal de las potencialidades de la vida; y da pleno sentido a las siguientes palabras respecto a la práctica de la filosofía cargadas de un profundo disenso y utopismo políticos que fueron como la guía de Deleuze en su trabajo filosófico: 

La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido… Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez un acosa vergonzosa… En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral, y la religión…#




BIBLIOGRAFÍA

Deleuze Gilles. Conversaciones. 8ª ed. Anagrama. Barcelona. 2008.
Deleuze Gilles. Nietzsche y la Filosofía. 6ª ed. Editorial Anagrama. Barcelona. 2000.
Deleuze Gilles. Spinoza, Kant y Nietzsche. Editorial Labor S. A. Barcelona. 1974
Nietzsche Friedrich. Filosofía general. M. Aguilar. Madrid. 1933.
Nietzsche Friedrich. Obras selectas (Así habló Zaratustra, Más allá del bien y del mal, El anticristo, El ocaso de los ídolos). EDITAM libros S.A. España. 2000.

FUENTES ELECTRÓNICAS

Página consultada el 10/02/08. Clase impartida por Deleuze el día 12/ 12/80.
http://deleuzeabc.blogspot.com.
http://www.dialogica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario