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La Vitalidad es el presente. Todo está en la vida y es la vida, los cuerpos mueren pero la vida continúa, es eterna. Siempre se está en medio de la vida y la vida en medio de nosotros. Nos atravisa para llegar a otros, así como atravesó a otros, para llegar hasta nosotros. La vida es incontrolable, poderosa, inalienable, misteriosa, creativa. La vida es salvaje: es el amor.



jueves, 27 de enero de 2011

El Dios de Spinoza


El elemento más problemático, y al mismo tiempo, más importante del pensamiento de Spinoza es su concepto de Dios. Es el principio a partir del cual construye todo su pensamiento y la razón por la cual fue marginado y perseguido por los miembros de todas las religiones de ese entonces judíos, católicos, protestantes y menonitas. La causa por la cual fue “excomulgado” (con el herem) de la comunidad judía de Ámsterdam, se le trató de asesinar, se profanó su tumba y se le trató de olvidar de la historia del pensamiento, recordemos que el calificativo despectivo de “perro muerto” antes de ser usado para referirse a Hegel o a Marx, fue el calificativo con que Jacobi se refería al pensador solitario de Amasterdam.

El concepto de Dios, es el elemento más importante del pensamiento de Spinoza puesto que de él parten todos los demás conceptos y relaciones entre los mismos, es decir, la totalidad de su sistema. Un ejemplo de ello es el método y estilo de su obra capital, la Ética demostrada según el orden geométrico de las cosas, donde el método geométrico articulado en definiciones, proposiciones y axiomas puede ser leído como un gran diccionario que con todos sus mecanismos y recursos apunta siempre a la definición y conocimiento de Dios. Ahora bien, ese Dios de Spinoza es la totalidad misma, la unidad absoluta, el monismo llevado a sus últimas consecuencias, puesto que  para Spinoza Dios es Uno e Infinito, es decir, la unidad que comprende absolutamente Todo (el universo, la naturaleza, lo real, existente, virtual, posible, imaginario…) entonces, Dios es el Ser; y el Ser, todo aquello que tenga un estatuto ontológico, es decir, todo aquello que de alguna u otra manera exista, haya existido o existirá. Así las cosas, todo está en Dios y Dios es la totalidad de los existentes, con lo cual, cada cosa que existe expresa un algo (modo) de lo que Dios es; y Dios, de ese modo, en ese existente, se expresa a su vez.

La definición que de Dios se da en la Ética apunta precisamente a ello:


“Por Dios entiendo el Ente absolutamente infinito, esto es, una sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.” (E, I. def VI)


Esta definición es problemática y prodigiosa al mismo tiempo por varias razones, pero sobre todo, porque parte de una intuición aparentemente mística y desemboca en una concepción casi imposible que es el infinito. Ya el mismo Deleuze planteaba esta problemática en Spinoza al señalar que en el sistema racionalista de Spinoza, éste parte de una intuición puesto que de ese infinito radical que es Dios, no podemos conocer sino sólo una “pequeña parte” o dimensión, la parte de Dios relativa al hombre, el pensamiento y la extensión (materia), revelándose así Dios como el inteligible infinito de infinitos, pues cada una de las “cualidades” o “características” (atributos) de Dios son infinitos, es decir, adquiere infinitas modalidades en infinitos tipos de existentes concretos (cosas). Sin embargo, esta parte que podemos conocer de Dios comprende lo que somos los hombres de una forma tal que Spinoza se adelanta por siglos a los hallazgos científicos en torno al cuerpo humano y su funcionamiento neuronal y psicológico, o a las propuestas políticas liberales y emancipatorias más avanzadas de la modernidad y la postmodernidad; como testimonian la corte de científicos y pensadores deudores de Spinoza.

Esta potencia para conocer del pensamiento de Spinoza parte de su concepción de Dios, que a su vez, tiene la fuerza del pensamiento metafísico y teológico de varios siglos, ya que, en Spinoza se pueden reconocer, y él varias veces da testimonio de ello, que recupera lo mejor de la metafísica y la teología religiosa (Maimónides, la Cabala, Escoto…) articulándolo al pensamiento ilustrado y renacentista. Lo cual no es de extrañar si consideramos a Spinoza un gran conocedor de todas estas tradiciones de  pensamiento y que cada una de ellas, la metafísica y la teología, en treinta siglos de trabajo intelectual continuo seguramente tuvo exponentes honestos que buscaban no solamente conocimientos para someter sino también conocimiento emancipatorio y libarador; algo semejante a lo que pasa en el discurso sui generis de Benjamín.

Es problemática también su concepción de Dios en la interpretación que se hace de su pensamiento a lo largo de tres siglos, pues cada uno de los pensadores en turno ha tratado de definir a Spinoza de acuerdo a su propia posición y pensamiento, pasando su figura del ateísmo más radical y moderno a ciertas formas de misticismo y  religiosidad particularísimas. Es posible pensar que su pensamiento da para este tipo de interpretaciones y para más, pero sobre todo, que lo que resulta inequívoco es la envergadura de sus hallazgos y la profundidad con la que llegó a conocer al hombre y al mundo del hombre, y que las definiciones y conceptos de Spinoza siguen ahí, esperando a innumerables intérpretes y lectores que continúen con la revelación del mensaje de Spinoza, que habla de la maravilla infinita que es el hombre, el mundo, el universo, la realidad…

2 comentarios:

  1. la muchedumbre que habita en mi no sabe si indignarse o celebrar esa forma de hablar de dIos, mas valdría andarme con cuidado en tus escritos no vaya ser que me vuelva spinozista.

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  2. "Este amor a Dios no puede ser manchado ni por el efecto de la envidia ni por el de los celos, sino que se sustenta tanto más cuanto mayor es el número de hombres que imaginamos unidos a Dios por el mismo vínculo de amor." (Ética, V, XX)

    Salud y alegría para ti.

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