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La Vitalidad es el presente. Todo está en la vida y es la vida, los cuerpos mueren pero la vida continúa, es eterna. Siempre se está en medio de la vida y la vida en medio de nosotros. Nos atravisa para llegar a otros, así como atravesó a otros, para llegar hasta nosotros. La vida es incontrolable, poderosa, inalienable, misteriosa, creativa. La vida es salvaje: es el amor.



lunes, 9 de enero de 2017

SIN NECESIDAD DE RECONOCIMIENTO NI PERMISO: LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL MAGONISMO

Preguntarse qué es la filosofía, cómo existe y ha existido en América Latina es fundamental, como una forma de dignificación del hombre y sus posibilidades, no ante los ojos de alguien que mira hacia sí mismo o nos mira desde la arrogancia del que se cree señor, eso no tiene sentido, sólo consistiría en reproducir la servidumbre con otros gestos, nuevas caravanas, si se sigue haciendo desde los mismos criterios. Es necesario replantearse el centro y los espacios de la cultura, así como la diversidad de mundos que han existido y existen como realizaciones de las capacidades productivas de los seres humanos en otras coordenadas, latitudes y tiempos. Es necesario dejar de valorar y pensar como si virtualmente estuvieramos en el primer mundo de la cultura negando el mundo en que vivimos. Se plantea como una necesidad de la filosofía del presente y del futuro abandonar la estafa de la metrópoli de las letras para habitar y hacer mundo desde el espacio en que nos encontramos, entender y reivindicar la dignidad de los otros hombres y sus mundos, todas aquellas otras formas de vida que fueron negadas en el pasado y que muy probablemente hoy necesitamos para hacer frente a la catástrofe en que se encuentra la sociedad, la naturaleza y el hombre en el mundo que trató de sacrificarlo todo en aras de la cultura de la raza que pretendía tener el patrimonio de la verdad.

El Magonismo radicaliza el humanismo anarquista al plantear el problema de la humanidad, los derechos y la dignidad de todos incluyendo indígenas, obreros, jornaleros y campesinos cuya condición real queda sacrifiada en el formalismo de los principios universales propio de las filosofías igualitarias del liberalismo en que desemboca el humanismo renacentista e ilustrado, con lo cual, retoma una de las problemáticas fundamentales de la sociedad latinoamericana que es la desigualdad humana y la diferencia cultural.

El pensamiento magonista produce una singular forma de anarquismo que parte de una estratégica postura liberal que inicialmente se opone al gobierno del dictador Porfirio Díaz y promueve un proyecto político garantista, y paulatulatinamente tiende de manera abierta al anarquismo desembocando en una nueva concepción del anarquismo al incorporar a las tesis anarquistas, las formas de vida y organización indígenas, ya que el movimiento guardó estrecha relación con grupos indígenas de los cuales hizo suyas sus causas integrándolas a su programa e ideario políticos.





1. Sin necesidad de reconocimiento ni permiso

Llevad la carga del Hombre Blanco.
Enviad adelante a los mejores de entre vosotros;
Vamos, atad a vuestros hijos al exilio
Para servir a las necesidades de vuestros cautivos;
Para servir, con equipo de combate,
A naciones tumultuosas y salvajes;
Vuestros recién conquistados y descontentos pueblos,
Mitad demonios y mitad niños (…)

Llevad la carga del Hombre Blanco,
Las salvajes guerras por la paz,
Llenad la boca del Hambre,
Y ordenad el cese de la enfermedad;
Y cuando vuestro objetivo este más cerca
En pro de los demás,
Contemplad a la pereza e ignorancia salvaje
Llevar toda vuestra esperanza hacia la nada.

Llevad la carga del Hombre Blanco.
No el gobierno de hierro de los reyes,
Sino el trabajo del siervo y el barrendero,
El relato de cosas comunes.
Las puertas por las que vosotros no entrareis,
Los caminos por los que vosotros no transitareis,
Vamos, hacedlos con vuestra vida
Y marcadlos con vuestra muerte.

Llevad la carga del Hombre Blanco,
Y cosechad su vieja recompensa
La reprobación de vuestros superiores
El odio de aquellos que protegéis,
El llanto de las huestes que conducís
(¡Tan laboriosamente!) hacia la luz:
¿Por qué nos librasteis de la esclavitud
Oh nuestra amada noche egipcia? (…)

Rudyar Kipling

    Pregunatarse qué es y dónde está la filosofía es una necesidad en México y en América Latina. Un testimonio inequívoco de civilización y cultura. Una pregunta básica que en la actualidad de las hibridaciones y las muertes de las disciplinas pareciera carente de sentido, o  incluso anacrónica, retrograda, como se supone que es todo lo que se hace en América Latina. Sin embargo, paradójicamente, tanto la necesidad de hacerse esta pregunta, como su aparente carácter anacrónico y retrógrado, propios de países tercermundistas, tienen la misma causa: el eurocentrismo de la historia de la filosofía, que es otro nombre del racismo.

El eurocentrismo consiste en concebir la cultura y la civilización modernas -y por lo tanto mundiales- como una obra de Europa, y por ello, la excelencia cultural en relación con la cercanía con lo europeo; y el barbarismo, el salvajismo y la ignorancia –lo inculto- como resultado de una lenjanía respecto de ello. El eurocentrismo, tiene además, como correlatos, la invación destructiva de lo otro -tan violenta como arbitraria- tanto de lo cultural-civilizatorio como de la singularidad del pensamiento en que se basa, ya que ni una cosa ni otra, ni los hombres ni sus mundos, tienen dignidad alguna y mucho menos valor frente al mundo expansivo oxidental. Así, después de la destrucción de las estructuras sociales, las culturas se convierten en folclor, las lenguas en dialectos, el arte en artesanías o suvenirs, el pensamiento en supersticiones, la diferencia física en fealdad…

Y en gran medida, la crisis mundial por la que hoy atraviesa la humanidad y que lleva a hablar escatológicamente del apocalipsis en todos los órdenes, (de la muerte del hombre a la muerte de la filosofía paralela a una crisis ambiental), así es de grave su catástrofe, que implica la destrucción de sus propios cimientos, tiene como una de sus causas principales las fuerzas destructivas de este proceso civilizatorio nihilista, que en nombre de la superioridad de Europa, y con ello, del proyecto moderno capitalista, niegan las diferencias humanas imponiendo mundialmente una dinámica servil en la que la mayor parte de la población mundial y de los recursos naturales sirven a la acumulación de poder y riqueza de un puñado de hombres, justificada en el fondo, por una mal disimulada supuesta superioridad racial.

Filosóficamente, esta superioridad regional se construye simultáneamente como una imposición nacional, pues es tan artificial y tendenciosa como el resto de las dinámicas nacionales. Ya Hobsbawm en su libro Naciones y nacionalismos desde 1870, mostró cómo se construye cualquier nacionalismo sobre  falsos esencialismos (la lengua, la religión, la historia, la raza), con los que se pretende conformar poblaciones que al creerlos estén dispuestas a servir e incluso a morir por un nuevo tipo de comunidad artificial, enajenada en el trabajo-consumo y profundamente desigual, adecuada a las exigencias del capitalismo: el Estado-nación moderno.

En este sentido, la necesaria comunicación, interacción y mezcla entre grupos que da origen a lo humano y a la cultura es omitido por esta forma de pensar la filosofía, cuando, se piensa, primero fabuladoramente a los griegos con idenpendecia de todas la tradiciones de las que abrevaron (Egipto o Mesopotamia), e incluso se alteran datos geográficos y cronológicos para hacer pasar como griegos a quienes no lo eran; o se hace pasar a los pueblos europeos particularmente a Alemania como los exclusivos herederos de lo griego, cuando no existe continuidad histórica alguna que no sea la propia reivindicación arrogante y el testimonio de la continuación de un pretendido imperialismo greco-romano que resultó nefasta. En estos mismos términos, como parte de las definiciones nacionales se pretendió distinguir a las filosofías en función de los problemas relativos al establecimento específico de los distintos estados nación que surgieron en Europa, así se empezó a hablar de filosofía alemana, inglesa o francesa en relación con los problemas que enfrentaban en su surgimieto los países de Alemania, Inlaterra y Francia. Y si en parte esto es cierto, en tanto que la filosofía moderna se define en gran medida como filosofía política al ocuparse de los problemas del surgimiento del estado nación, quienes trataban de responder a estas problemáticas no eran exlcusivamente los filósofos de un solo país, región o población, los filósofos de un pueblo recurrían a lo que otros habían pensado, en ocasiones de manera oculta para mantener esta imagen de lo nacional, así se origina, por ejemplo, el desdén canónico con que es considerada la filosofía hecha en España frente al resto de la filosofía continental alemana, francesa e inglesa, cuando los trabajos de la Escuela de Salamanca, Miranda y Suárez son absolutamente fundamentales –y en ocasiones literalmente plagiados- para que pudiera aparecer la teoería contractualista, y con ella, la filosofía política moderna.

Y en lo que nos atañe de este proceso de regionalización racista de la filosofía, es que desde su perspectiva, en América Latina no se piensa filosóficamente o se hace de manera deficiente puesto que no existen las condiciones esenciales para ello, al no existir la continuidad de la pureza civilizatoria, condición que deviene en una calidad infrahumana. Puesto que de fondo, cuando la filosofía universaliza o busca la objetividad, es decir, cuando piensa la realidad, lo que discute es la dignidad del hombre y su mundo, la forma en que el hombre conserva, significa o produce su mundo. Es decir, en términos estrictamente modernos la filosofía produce mundo o busca la manera de concebir al hombre que realiza esa producción, por lo que, cuando lo hace, concibe simultáneamente al hombre en función de su capacidad productora, y lo define en los términos de esa misma capacidad. Por ello, cuando se niega la capacidad de filosofar a ciertos hombres de una manera sinultánea se les está des-humanizando, ya que se les niega la capacidad de producir su mundo o de entender la manera en que lo hacen, y así, se descalifica también la dignidad y el valor de su mundo que se define por la ausencia o por lo irracional, y en ambos casos, redunda en la necesidad de recurrir, integrarse, o si es necesario en obligar a integrarse al mundo del otro que sí es racional, es decir, al mundo que tiene por centro exlusivo y excluyente de su cultura a Europa.

Preguntarse qué es la filosofía, cómo existe y ha existido en América Latina es fundamental, como una forma de dignificación del hombre y sus posibilidades, no ante los ojos de alguien que mira hacia sí mismo o nos mira desde la arrogancia del que se cree señor, eso no tiene sentido, sólo consistiría en reproducir la servidumbre con otros gestos, nuevas caravanas, si se sigue haciendo desde los mismos criterios. Es necesario replantearse el centro y los espacios de la cultura, así como la diversidad de mundos que han existido y existen como realizaciones de las capacidades productivas de los seres humanos en otras coordenadas, latitudes y tiempos. Es necesario dejar de valorar y pensar como si virtualmente estuvieramos en el primer mundo de la cultura negando el mundo en que vivimos. Se plantea como una necesidad de la filosofía del presente y del futuro abandonar la estafa de la metrópoli de las letras para habitar y hacer mundo desde el espacio en que nos encontramos, entender y reivinicar la dignidad de los otros hombres y sus mundos, todas aquellas otras formas de vida que fueron negadas en el pasado y que muy probablemente hoy necesitamos para hacer frente a la catástrofe en que se encuentra la sociedad, la naturaleza y el hombre en el mundo que trató de sacrificarlo todo en aras de la cultura de la raza que pretendía tener el patrimonio de la verdad.

Sin embargo, preguntarse por qué es la filosofía puede tornarse ya no una pregunta complicada sino imposible de responder para ciertos hombres que se encuentran en cierto tiempo y ciertos lugares. Los hombres que viven en un tiempo y un lugar donde no hay filosofía. Los hombres sin filosofía no pueden (no deben) plantearse está
pregunta primordialmente filosófica pues:

!Cómo podrían responderla si no existe filosofía que les permita filosofar para responderla!

Ahora bien, ¿quiénes son estos hombres sin filosofía? Decíamos que se trata de los hombres que tienen el infortunio de vivir en un tiempo o un lugar sin filosofía. Sin embargo, afirmaciones deductivas tan polémicas como estas, naturalmente, no pueden sino multiplicar las preguntas:

¿Quién o quiénes se dan cuenta que en un tiempo o un lugar se carece de filosofía, ya que los nativos o contemporáneos no están calificados para darse cuenta de ello, y mucho menos, para comprender sus consecuencias?

La solución no es una filosofía nacionalista, lo que sería pensar en las mismas coordenadas idealistas y fabuladoras, sino en buscar, investigar y estudiar en la historia las prácticas sociales y culturales concretas, partícipes de otras formas de pensar y producir el mundo anteriores, paralelas o entremezcladas a y con el mundo y el pensamiento europeo. Una de esas prácticas es la filosofía hecha en México y América Latina, singularizada por los específicos problemas a los que buscaba y busca responder, y en parte, la filosofía mexicana y latinoamercana del presente consiste en un pensamiento capaz de entender esas ptroblemáticas y reivindicar el testimonio de otros mundos que existen y existieron antes, al margen, y existirán después, de la idea del mundo civilizado europeo; dos movimientos que le permiten a la particular filosofía hecha en México y América Latina, recuperar sus potencialidades, que son potencialidades de mundo y de formas de vida, tan necesarias en el contexto actual de profunda crisis civilizatoria mundial.

Toda esta problemática debería de ser uno de los principales temas de discución y reflexión filosóficas en América Latina y particuelarmente en México, ya que desde criterios propios y ajenos se carece de filosofía y de filósofos no sólo en el presente, sino a lo largo de su historia cultural. Puesto que una cultura sin filosofía tiene evidentemente como consecuencia a una cultura sin filósofos. Y para poder considerar  seriamente cualquier contribución, problema o solución filosóficas de nuestros coterráneos primero es necesario franquear estos prejuicios dogmáticos que nos impiden reconocer el carácter y el valor del pensamiento filosófico latinoamericano y mexicano. Y esto no como una labor nacionalista o regional sino como un principio básico de dignidad y legitimidad de nuestro pensamiento y nuestra humanidad. Puesto que, cómo podemos considerar el valor de nuestro trabajo y en muchos de nosotros de una parte importante de nuestra vida dedicada a la filosofía, si calificamos de absurdo, con nuestras concepciones filosóficas, dedicarnos a la filosofía en un lugar y un tiempo donde no existe, de ser así, no haríamos sino simular ser lo que no somos o simplemente perder el tiempo. Además, la situación social producida, o simplemente paralela, al pensamiento racista y excluyente del pensamiento europeo oxidental, ha llevado a una crisis tan profunda y a un peligro de colapso mundial en todas las dimensiones que se hace más que pertinente, necesario y urgente recurrir a otras formas de pensamiento que se hayan planteado la comprensión y producción del mundo en otros términos.

Si consideramos la cuestión desde la definición escolar de la filosofía. ¿Acaso no hay entre nosotros quienes amén la sabiduría, que amen y hayan amado conocer y que su vida haya consistido en criticar, evidenciar y destruir dogmas; hombres que incluso han dado sus vidas por esa actividad y ese afecto? O en todo caso, si en la diversidad de filosofías que han existido a lo largo de los siglos cada una proporciona el canon para considerarla como tal (y que quizá en cierto modo en eso consista una de sus labores fundamentales, su prueba del oro), siendo unas veces un pensamiento mítico-poético, otras un pensamiento religioso, otras uno racionalista, crítico o ateo; ¿no le corresponderá a los filósofos en América Latina y México concebir el propio canon de su filosofía definido en función de los problemas de su propia realidad, que por otra parte, nadie más los va a solucionar o siquiera se va a interesar en ellos?

Paralelamente a esta problemática regional (que se refiere a zonas colonizadas y enpobrecidas tanto material como culturalmente por los procesos "civilizatorios" europeos), existe una problemática temporal, que en aras de la crisis civilizatoaría mundial, producto del capitalismo, plantea que el momento de los grandes filósofos y la filosofía ha pasado, llegando al extremo de anunciar la muerte de la filosofía, como parte de una estrategia que cancela cualquier alternativa racional al mundo del presente y a la hegemonía de sus poderes establecidos.

Ambas problemáticas, tanto la regional como la temporal, a las que se tiene que enfrentar la filosofía hoy y aquí no son sino dogmas que forman parte de una trama político-cultural más grande, que tiene como uno de sus funciones evitar que los hombres piensen, y como finalidad, colaborar en su sometimiento. Sin embargo, los hombres han pensado en esta región y siguen pensando en este tiempo como veremos a continuación con el caso de la filosofía magonista.


2. Oficialismo e historia de la filosofía mexicana

Una labor fundamental en la definición y conocimiento de la filosofía mexicana consiste en una revalorización de su historia, que en el fondo sea una reelaborización de la misma, ya que como en otras dimensiones de lo histórico, la historia de la filosofía tiene más la función de ocultar que la de mostrar, en virtud de la reproducción y legitimidad de un orden político. Y la historia de la filosofía no es la excepción, al contrario, es una de las instancias fundamentales para el sometimiento y continuidad de un orden político, al impedir pensar o saber que se ha sido capaz de hacerlo; y promover una versión de las ideas que legitime el sometimiento de manera positiva o negativa, ya sea registrando exclusivamente la existencia de un pensamiento acorde con el poder o negando explícitamente la existencia de otro tipo de pensamientos.

La filosofía y su historia no sólo son agentes positivos de la cultura, que humanizan y civilizan, también son instrumentos de destrucción y barbarie que someten y legitiman el sometimiento, como lo señaló Walter Benjamín en las Tesis sobre la historia, y como ha sucedido en América y particularmente en México, con una concepción de la filosofía y su historia que niega la capacidad de filosofar en esta región en virtud de una supuesta superioridad cultural de Europa, subsidiaria del colonialismo que costó la vida y la cultura de millones de seres humanos y quinientos años de miseria material y espiritual para la mayor parte del pueblo mexicano. De tal manera, la situación relativa de la academia en México ha negado en sus programas de estudio hasta muy recientemente la existencia de una filosofía mexicana, condenando a los profesionales de la misma a ser glosadores "sucursaleros" de las filosofías de otros tiempos y lugares más "civilizados", y a un desdén tanto respecto de la historia cultural propia como en relación con el trabajo mutuo, y en el límite, como cumbre del sinsentido, a despreciar el trabajo filosófico propio. Así, el intelectual especializado en filosofía en México se convierte en agente del poder, en un ser abyecto y auto-sometido que promueve el sometimiento de los otros, con lo cual, busca confundirse con los grupos dominantes promoviendo sus valores, labor imposible pues el referente impuesto remite a lo ajeno-externo: criollismo intelectual.



De manera significativa, lo que sucede en la historia de la filosofía es un correlato de lo que sucede en la historia política y social de México, en la que oficialmente se da una versión en la que no figuran ni acontecimientos ni personajes que cuestionan la legitimidad del orden político actual, aunque estos elementos sean fundamentales para comprender el desarrollo de los procesos históricos y los auténticos problemas de la realidad mexicana.


Uno de estos elementos históricos marginados, particularmente importante para entender la historia de México es el grupo revolucionario del Magonismo, ya que este grupo es el que da inicio al hito histórico que marcó hasta el día de hoy la realidad nacional, la Revolución Mexicana. Acontecimiento que configuró como proyecto la singular sociedad mexicana del siglo XX, y hoy en día, sigue estando presente en la agenda política neoliberal, como la estructura, aunque ya sea sólo jurídicamente, que es el mayor obstáculo a vencer para la avanzada total del capitalismo trasnacional en México. Y decimos que es significativo el paralelismo de la marginación histórica, político-social y filosófica, porque precisamente, en el caso del Magonismo su omisión es la norma cuando se hace historia, una omisión que tiene como finalidad acallar una dimensión de la realidad mexicana que ha pensado teóricamente y en lo hechos ha buscado, con toda seriedad y rigor, otra forma de organización social.


En este sentido, es que proponemos una revalorización del pensamiento político magonista, como una filosofía política cuyo estudio es necesario en la tarea de reelaborar la historia de la filosofía mexicana, como un elemento fundamental de la dignificación de la filosofía en México. Lo cual proponemos a través de un estudio serio que se ocupe de identificar, comprender y cultivar sus propuestas filosóficas, expresadas en las diferentes formas, que las específicas y en extremo problemáticas circunstancias históricas, les han dado. Ya que, si por una parte, es arbitrario exigir que la filosofía de está región tenga los mismos contenidos conceptuales que las "grandes filosofías" de la antigüedad o de principios de la modernidad, que son la respuesta a problemas de otro tiempo y lugar propios de otra forma de entender y vivir el mundo; es igualmente absurdo esperar que los conceptos se configuren y expresen de la misma manera, puesto que cada filosofía responde a problemas diferentes, llegando al extremo de elaborar gran parte del problema en su planteamiento, y por su puesto, de la respuesta y la forma de responder. El concepto como la respuesta a un problema, implica, esencialmente, una tarea creativa de forma y contenido, de acuerdo al objetivo que se busque conseguir , para el cual su retórica y estilo, es una parte fundamental.

En estos términos, ocuparnos de la revalorización del pensamiento filosófico magonista implica buscar los conceptos y la teoría en textos suegeneris como son manifiestos políticos, publicaciones literarias y periodísticas, así como, en las singularidades de la legislación posrevolucionaria.


3. El humanismo radical de la Filosofía magonista

La obra de los magonistas fue evidentemente práctica y fundamental para que existiera la Revolución Mexicana, al grado de que, como señala Armando Bartra en Regeneración 1900-1918, una década antes del inicio oficilista de la revolución con Madero, el Magonismo ya había consolidado un contexto de concientización social con sus periódicos y organización político-armada, con los clubes liberales a lo largo del territorio nacional, sin los cuales, no hubiera sido posible el levantamiento armado generalizado de 1910. Lo que permite afirmar que la Revolución Mexicana fue iniciada por los Magonistas.

Sin embargo, paralelo a esta labor política, su trabajo teórico es muy importante, pues constituye una filosofía política original gestada en México, así como una de las filosofías más influyentes en la historia sociopolítica mexicana al convertirse en un referente teórico-político para los movimientos sociales y uno de los elementos más importantes, aunque de manera indirecta al dejar trazadas las principales problemáticas sociales y sus posibles soluciones,  en la definición del proyecto político-jurídico posrevolucionario.

El pensamiento magonista produce una singular forma de anarquismo que parte de una estratégica postura liberal que inicialmente se opone al gobierno del dictador Porfirio Díaz y promueve un proyecto político garantista, y paulatulatinamente tiende de manera abierta al anarquismo desembocando en una nueva concepción del anarquismo al incorporar a las tesis anarquistas, las formas de vida y organización indígenas, ya que el movimiento guardó estrecha relación con grupos indígenas de los cuales hizo suyas sus causas integrándolas a su programa e ideario políticos.

Como lo advierte Juan Carlos Beas en su trabajo pionero sobre Magonismo y movimiento indigena en México (1997), el Magonismo guardó estrecha relación y colaboración con mayas, yaquis, purepechas, tarahumaras, nahuas e indígenas de Baja California;  y desde el Programa del Partido Liberal Mexicano (1906) hace suyas las dos causas principales de su lucha histórica que son la recuperación de la tierra y el respeto de la autónomía e identidad indigena.

En el texto que hace de exposición de motivos del Programa del Partido Liberal Mexicano se lee la siguiente justificación del artículo 48: “La protección á la raza indígena que, educada y dignificada, podrá contribuir poderosamente al fortalecimiento de nuestra nacionalidad, es un punto de necesidad indiscutible.” Mientras el artículo 48 mismo prescribe: “Protección á la raza indígena.”

Y en lo relativo a la recuperación de las tierras en el mismo texto existe un apartado de cuatro artículos titulado “Tierras”, en los cuales se establece que:

36.- El Estado dará tierras á quien quiera que lo solicite, sin más condición que dedicarlas á la producción agrícola, y no venderlas. Se fijará la extensión máxima de terreno que el Estado pueda ceder á una persona.

 37.- Para que este beneficio no sólo aproveche á los pocos que tengan elementos para el cultivo de las tierras, sino también á los pobres que carezcan de estos elementos, el Estado creará ó fomentará un Banco Agrícola que hará á los agricultores pobres préstamos con poco rédito y redimibles á plazos.
El anarquismo es la más alta utopía social e implica un humanismo radicalizado, una confianza absoluta en la suficiencia de las capacidades y facultades humanas, pero sobre todo, en la razón, para conformar una sociedad sin autoridad. Y para poder platear esto, supone, implícita o explícitamente una serie de concepciones en las diversas dimensiones del saber y la filosofía que van de la metafísica y la ética hasta la epistemología y la antropología. Ya que, la racionalidad y el humanismo son los ejes que guían al anarquismo en sus concepciones y prácticas antiautoritarias que redefinen los diferentes ámbitos de la realidad humana, con arreglo al hombre y a su razón, puesto que, si la sociedad puede ser antiutoritaria y libre es porque el hombre es racional y puede arreglar su mundo ya no en términos de la violencia, la servidumbre y el castigo que son instrumentos de la ignorancia o la estupidez, sino apelando al entendimiento entre los hombres.

Ahora bien, el Magonismo no solamente recupera sin más esta máxima utopía de la razón que es el anarquismo, la transforma de tal manera que se convierte en expresión de las demandas históricas del pueblo mexicano, particularmente de los sectores obrero e indígena, de tal manera que con algunas excepciones, los anarquistas europeos contemporáneos desconocen a los magonistas como anarquistas, por una parte debido al eurocentrismo del anarquismo decimonónico, y por otra, debido a la contribución teórica que constituyen algunas de sus demandas vinculadas directamente con la causa indígena: la recomunalización, la restitución de tierras comunales a los pueblos y el respeto a la diferencia que representan los pueblos indios en un contexto cada vez más mesizo y occidental.#

El Magonismo radicaliza el humanismo anarquista al plantear el problema de la humanidad, los derechos y la dignidad de todos incluyendo indígenas, obreros, jornaleros y campesinos cuya condición real queda sacrifiada en el formalismo de los principios universales propio de las filrsofías igualitarias del liberalismo en que desemboca el humanismo renacentista e ilustrado, con lo cual, retoma una de las problemáticas fundamentales de la sociedad latinoamericana que es la desigualdad humana y la diferencia cultural.

Desigualdad humana que desde la polémica entre Sepulveda y De las Casas ha justificado el sometimiento de pueblos y hombres americanos y ha heredado la desigualdad estamentaria en función de estructuras sociales racistas articuladas en orden a valores europeos, blancos y católicos que justifican y reproducen la miseria de la mayor parte de la población que no encarna esos valores en los países latinoamericanos. Paralelamente, la diferencia cultural es el criterio de la desigualdad material entre los hombres, los signos identitarios de quienes solamente pueden ser formalmente iguales pero socialmente están condenados a la servidumbre o la marginación pues son los que han heredado una humanidad desigual (inferior), sin embargo, a pesar de la violencia del monismo cultural, la diferencia cultural ha constituido un  espacio de resistencia o beligerancia a lo largo de los siglos, un conjunto de asideros para sectores importantes de la población que se encuentran exlcuidos o sometidos por parte de la cultura dominante que les asigna un lugar en los estratos sociales más pauperizados, mientras la diferencia cultural propia brinda alternativas sociales a las personas que participan de ella con la condición de que esa diferencia pueda hacerse efectiva en el marco los intersticios o márgenes de la cultura dominante, lo cual, únicamente puede realizarse a través de la autonomía en sus diferentes grados de efectividad.

El Magonismo se plantea política y antropológicamente esta problemática que es fundamental para la realidad mexicana y latinoamericana, y algo que es particularmente importante, no solamente piensa una solución sino que trata de llevarla a la práctica para resolverla, y lo intenta hasta sus últimas consecuencias, dimensión ética, que implicó para sus integrantes primero la pérdida de la libertad en varias ocasiones y después de la vida.

Esta custión le da una actualidad constante al pensamiento magonista en el quehacer filosófico mexicano, pues aborda problemáticas fundamentales tanto en lo social como en lo cultural, decidiéndose en ellas la situación de la legitimidad, el valor y la existencia misma de la filosofía mexicana, de un modo por demás intelectualmente visionario pues un siglo antes planteó de una manera seria y sin concesiones cuestiones que a penas son abordadas hace una década por el multiculturalismo o las teorías del postcolonialismo a las que ha llevado las problemáticas sociales del capitalismo financiero y transnacional que provoca el saqueo y el enfrentamiento extremo entre culturas. El Magonismo es una filosofía política fraguada en los problemas de la realidad mexicana y latinoamericana que sin necesidad de reconocimiento ni permiso fue capaz de pensar, filosofar y revolucionar sobre problemas que estallarían con toda su atrocidad un siglo después en todo el mundo.

1 comentario:

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