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La Vitalidad es el presente. Todo está en la vida y es la vida, los cuerpos mueren pero la vida continúa, es eterna. Siempre se está en medio de la vida y la vida en medio de nosotros. Nos atravisa para llegar a otros, así como atravesó a otros, para llegar hasta nosotros. La vida es incontrolable, poderosa, inalienable, misteriosa, creativa. La vida es salvaje: es el amor.



miércoles, 11 de diciembre de 2019

La genealogía en el pensamiento de Nietzsche


De una manera profundamente significativa Deleuze inicia su estudio sobre Nietzsche con el concepto de “genealogía”. En su libro Nietzsche y la filosofía (1962) el primer tema que trata es El concepto de genealogía. Al abrir este portentoso libro, en la primera página encontramos el concepto de “genealogía”, lo cual, habla de una toma de posición singularísima y de una disidencia respecto al canon germánico de la década de los treinta con que era leído Nietzsche.

Si como ya explicamos, el canon de la interpretación del pensamiento de Nietzsche consistía en tener como fuente principal de contenidos y sentido la obra póstuma, el libro apócrifo de La voluntad de poder, y como concepto central la “voluntad de poder” entendido en el sentido conservador de los valores de la superioridad germana y el dominio-sometimiento del otro. Deleuze toma un camino por completo diferente, que lo hace ir más allá de una simple confrontación con dicho canon, al cual, sólo se refiere de manera indirecta en relación con sus efectos,[1] centrando su atención más bien en desarrollar rigurosa y sistemáticamente su propia interpretación. 

Para Deleuze, el concepto central del pensamiento de Nietzsche es el de “genealogía” y la fuente principal para descifrar su mensaje está en el libro de La genealogía de la moral (1887). “La genealogía de la moral es el libro más sistemático de Nietzsche. Tiene un doble interés, por una parte, no se presenta ni como conjunto de aforismos ni como un poema, sino como una clave para la interpretación de los aforismos y para la evaluación del poema. Por otra, analiza detalladamente el tipo reactivo, el modo en que triunfan las fuerzas reactivas y el principio bajo el que triunfan…”[2]  

El propio Nietzsche desde el prólogo de tal libro anuncia que el tercer y último tratado consiste en un ejercicio de interpretación de un aforismo contenido en Así habló Zaratustra, como una muestra de la filosofía del futuro. Filosofía de la cual va exponiendo parcial e indirectamente, a lo largo de los dos primeros tratados, la metodología y su ejercicio en torno a diferentes temas (el origen del sacerdote, la pena, la producción del alma, los valores acéticos) hasta que en el tercer tratado, dice explícitamente que dará “una muestra del arte de la interpretación” aplicado a un aforismo.[3] El ejercicio de interpretación de dicho aforismo permite a Nietzsche desarrollar su hipótesis en torno al surgimiento de la filosofía, y con ello, esbozar aquello en lo que la misma podría convertirse de seguir existiendo: “Un aforismo si está bien acuñado y definido, no queda ya <<descifrado>> por el hecho de leerlo; antes bien, entonces es cuando debe comenzar su interpretación, y para realizarla se necesitaría de un arte de la misma. En el tratado tercero de este libro he ofrecido una muestra de lo que yo denomino <<interpretación>> en caso semejante:- ese tratado va precedido de un aforismo, y el tratado mismo es un comentario de él…”[4]





El concepto de “genealogía” nos dice Deleuze, por una parte implica los temas del valor y el sentido, y simultáneamente, una filosofía crítica. Ya que la genealogía consiste en una metodología que hace una historia singular e inmanente de la conformación del valor, y para hacerlo, tiene que realizar paralelamente una crítica de los falsos orígenes absolutistas, trascendentes o relativistas de los valores que ocultan el verdadero origen de los mismos, y sobre todo, su verdadero sentido: cuál es la finalidad de un valor o las fuerzas a las que sirve. “La filosofía crítica tiene dos movimientos inseparables: referir cualquier cosa, y cualquier origen de algo a los valores; pero también referir estos valores a algo que sea como su origen, y que decida su valor…”[5]
La “genealogía” nace como genealogía de la moral, es decir, como genealogía de los valores. Lo cual, no es casual, sino absolutamente metodológico y sistemático a decir de Deleuze. Puesto que los elementos que Nietzsche pone a discusión en La genealogía de la moral son los del “valor” y el “sentido”, como ejes de la vida humana, es decir, se trata de una base ética y axiológica sobre la que se sostienen el resto de elementos psicológicos, políticos y sociales que constituyen el mundo del hombre. Sentido y valor son los elementos fundamentales del ser del hombre.

Genealogía quiere decir a la vez del origen y origen de los valores. Genealogía se opone a la vez al carácter absoluto de los valores como a su carácter relativo o utilitario. Genealogía significa el elemento diferencial de los valores de los que se desprende su propio valor. Genealogía quiere decir pues origen o nacimiento, pero también diferencia o distancia en el origen.  Genealogía quiere decir nobleza y bajeza, nobleza y vileza, nobleza y decadencia en el origen. Lo noble y lo vil, lo alto y lo bajo, tal es el elemento propiamente genealógico o crítico…[6]

Paralelamente, la cuestión del sentido, para Deleuze, se resuelve en una Teoría de las fuerzas expuesta sistemáticamente en La genealogía de la moral. Ya que tal teoría implica una tipología de las fuerzas en relación con su cantidad-intensidad, así como del proceso de su cualificación. Precisamente, como explícitamente lo señala Deleuze, La genealogía de la moral sistemáticamente desarrolla una analítica detallada de “el tipo reactivo, el modo en que triunfan las fuerzas reactivas y el principio bajo el que triunfan”, es decir, estudia y expone el proceso de las relaciones entre fuerzas que determina la cualificación de las mismas, en el horizonte ontológico nietzscheano del “mundo”, como el entramado absoluto y eterno de todas las fuerzas.

De acuerdo a la Teoría de las fuerzas, las fuerzas se distinguen básicamente en “fuerzas activas” y “fuerzas reactivas”. Las “fuerzas activas” se caracterizan por la dominación de otras fuerzas y la transformación, características sintetizadas con el término de “acción”; mientras las “fuerzas reactivas” se caracterizan por la dependencia relativa a otra fuerza, la “afectación” de las fuerzas activas “separándolas de lo que pueden” y la tendencia a la inmovilidad, características sintetizadas con el término “reacción”.[7] En La genealogía de la moral Nietzsche se refiere de la siguiente manera a lo activo y lo reactivo:

“El hombre activo, el hombre agresivo, asaltador, está siempre cien pasos más cerca de la justicia que el hombre reactivo; cabalmente él no necesita en modo alguno tasar su objeto de manera falsa y parcial, como hace, como tiene que hacer, el hombre reactivo. Por esto ha sido un hecho en todos los tiempos que el hombre agresivo, el más valeroso, el más noble, ha poseído también un ojo más libre, una conciencia más buena, y, por el contrario, ya se adivina quien es el que tiene sobre su conciencia la invención de la <<mala conciencia>>, -¡el hombre del resentimiento! (…) Históricamente considerado, el derecho representa en la tierra (…) la lucha precisamente contra los sentimientos reactivos, la guerra contra estos realizada por poderes activos y agresivos, los cuales empleaban parte de la fortaleza en imponer freno y medida al desbordamiento del pathos reactivo y en obligar por la violencia a un compromiso…”[8]

El proceso de cualificación de las fuerzas, lo que las hace ser activas o reactivas, consiste en la interacción entre ellas al interior de los cuerpos que integran –entramados de fuerzas-, relaciones que determinan tanto sus cualidades al interior del cuerpo como la cualificación del estado del cuerpo mismo, su voluntad de poder. 

Como ya vimos en el apartado III.1.1, el cuerpo no es ni un espacio ni un campo de lucha para las fuerzas, sino las fuerzas mismas. Ahora bien, las fuerzas al interior del cuerpo se encuentran en relaciones de tensión que definen su funcionamiento, y con ello, la determinación del cuerpo que integran, en función de la manera en que son actualizadas, potencializadas o sometidas a través de la acción del cuerpo que las lleva a interactuar con las fuerzas de cuerpos exteriores que le afectan activándolas o desactivándolas. Deleuze, nos hace ver que sucede como en la Teoría de los afectos de Spinoza,[9] según la cual, los cuerpos definen sus fuerzas (en sus términos fuerza de existir y potencia para actuar) en los encuentros-mezcla que tienen con otros cuerpos, cuyas partes y cualidad de las mismas, favorecen o destruyen las relaciones compositivas de las propias partes corporales. 

En el pensamiento nietzscheano, respectivamente, el proceso de la interacción de las fuerzas es constitutivo y definitorio de la cualidad-intensidad de las fuerzas de un cuerpo, en los siguientes términos: “Los encuentros entre fuerzas de tal y tal cantidad son pues las partes concretas del azar, las partes afirmativas del azar, como tales extrañas a cualquier ley: los miembros de Dionysos. Y es en este encuentro donde cada fuerza recibe la cualidad que corresponde a su cantidad, es decir la afección que llena efectivamente su poder…”[10]

Así las cosas, las fuerzas activas son aquellas que llevan la voluntad a afirmar las actividades creativas del ser humano, con las cuales, afirma su existencia, pero sobre todo, la transforma volviéndola cada vez más afirmativa, es decir, producen una disposición tal de las fuerzas que llevan al cuerpo y al pensamiento al límite de sus capacidades para trascenderlas; mientras que las fuerzas reactivas son aquellas que contienen el desarrollo de las fuerzas activas promoviendo la continuidad de un estado (como en la alimentación o el olvido), y en el límite, cuando predominan someten las fuerzas activas dirigiendo la energía de aquellas contra sí mismas, con lo cual, hacen que la voluntad niegue la actividad creadora y con ella su afirmación, convirtiendo la existencia en una reacción y negación de la vida misma -pues en estos términos la vida humana es creación y actividad, que de no serlo degenera patológicamente en la forma del nihilismo.[11] De tal manera, las fuerzas en su interacción definen la voluntad de un cuerpo, pues según qué fuerza o fuerzas prevalezcan será su voluntad, aquello que quiera y la intensidad con la que lo quiera. Pues mientras “la fuerza es la que puede, la voluntad es la que quiere”,[12] y en su síntesis se define lo que un cuerpo es, el estado específico de las relaciones de sus fuerzas constitutivas: su sentido.

Nunca encontramos el sentido de algo (fenómeno humano, biológico o incluso físico), si no sabemos cuál es la fuerza que se apropia de la cosa, que la explota, que se apodera de ella o se expresa en ella. Un fenómeno no es una apariencia ni tampoco una aparición, sino un signo, un síntoma que encuentra su sentido en una fuerza actual (…) En general, la historia de una cosa es la sucesión de las fuerzas que se apoderan de ella, y la coexistencia de las fuerzas que luchan por conseguirlo. Un mismo objeto, un mismo fenómeno cambia de sentido de acuerdo con la fuerza que se apropia de él…[13]

Esto implica un doble movimiento magistral, pues por una parte, Nietzsche plantea la cuestión del valor de la manera más profunda y extensiva en que es posible hacerlo, en la cuestión tan polémica de el valor de los valores, revelada en el origen de los mismos; y simultáneamente, al plantear el origen de los valores en términos del sentido -producido en los términos de la interacción del cuerpo y el pensamiento humanos con los demás cuerpos integrantes del mundo- da a esta dimensión fundamental una carácter inmanente, pero sobre todo, humano, con lo cual, los fundamentos del mundo y la vida del hombre, valor y sentido, están en las manos del hombre mismo, en lo que este hace y deja de hacer. “El proyecto más general de Nietzsche consiste en esto: introducir en filosofía los conceptos de sentido y valor”.[14] Proyecto en el cual Nietzsche tiene puestas grandes expectativas: “Nietzsche espera muchas cosas de esta concepción de la filosofía: una nueva organización de las ciencias, una nueva organización de la filosofía, una determinación de los valores del futuro.”[15]

Así las cosas, la genealogía se constituye en una metodología de estudio, de la historia singular del valor y el sentido de un cuerpo, pero sobre todo, en un método de valoración e interpretación del sentido, que como ya vimos se resuelve en la tensión entre fuerzas activas y reactivas, que definen una existencia afirmativa o negadora de la vida. La genealogía permite saber el valor de los valores, así como, el sentido de esos valores. La genealogía respecto a un fenómeno o ente nos permite responder no solamente a la pregunta esencialista ¿qué es?, sino, algo más importante para la situación nihilista crítica en la que se encuentra la civilización occidental ¿quién, cómo y para qué valora? 
Nietzsche reprocha a los dialécticos el permanecer en una concepción abstracta de lo universal y de lo particular; eran pioneros de los síntomas, y no alcanzaban ni las fuerzas ni la voluntad que dan a estos sentido y valor. Se movían en el marco de la pregunta: ¿Qué es lo que…?, pregunta contradictoria por excelencia. Nietzsche crea su propio método; dramático, tipológico, diferencial. Hace de la filosofía un arte, el arte de interpretar y de valorar. Para todas las cosas, plantea la pregunta: ¿Quién? El que… es Dionysos. El que… es la voluntad de poder como principio plástico y genealógico. La voluntad de poder no es la fuerza, sino el elemento diferencial que determina a la vez la relación de las fuerzas (cantidad) y la respectiva cualidad de las fuerzas en relación…[16]

En este sentido, a diferencia de la hermenéutica que trata de la síntesis del lenguaje o la fenomenología que desde la herencia kantiana trata de la síntesis entre representaciones o ideas, cuestiones eminentemente idealistas, la genealogía trata de la síntesis entre fuerzas, cuestión eminentemente real y materialista. Con lo cual, la genealogía se convierte en una metodología profundamente política y polémica con el orden establecido, puesto que cuestiona y se opone a los valores negativos que impiden una interpretación más adecuada a la realidad y afirmativa de la vida; y promueve la imperiosa necesidad de nuevas interpretaciones mientras ofrece, simultáneamente, formas para llevarlas a cabo.[17] Y la interpretación que realiza es en relación siempre a lo más real que es asequible al hombre, que es el sentido de su propio cuerpo: “Descripción y valoración de nuestros estados corporales ¿Cómo? Sólo hay estados corporales; los espíritus son consecuencias y símbolos.”[18]

En el pensamiento de Deleuze, la genealogía se convierte en un elemento fundamental de su metodología. Y con ello, en una dimensión nietzscheana de la multiplicidad que es su pensamiento, trascendiendo la situación de un exégeta o intérprete más. Deleuze es nietzscheano, a pesar de “haber conocido tarde” a Nietzsche, como el mismo lo dice.[19] Ya que junto con Spinoza, el pensamiento nietzscheano se convierte en una matriz conceptual, en una maquinaria completa al interior de la máquina de pensar que es la filosofía de Deleuze. Como lo declaró explícitamente él mismo en torno a la “gran identidad Spinoza-Nietzsche” y es posible identificar en toda su profanidad en Mil mesetas.

El libro de Mil mesetas (1980), escrito junto a Félix Guattari, es un compendio de dos tratados (la primera parte es el Antiedipo), en el cual, ambos autores tratan de consolidar una metodología de estudio del inconciente basada en una conceptualización amplia en torno a una teoría de la realidad natural, biológica y humana. Esquizoanálisis o micropolíticaque trata de explicar el funcionamiento del pensamiento humano en relación con un materialismo radical, una psiquiatría materialista, que la convierte en naturalista, política e histórica desarrollada en apartados denominados “mesetas”, en las cuales, realizan un estudio genealógico del inconciente paralelo a una genealogía de los entes, la materia y el ser humano.  

Deleuze-Guattari hacen suyo el método genealógico para explicar la psique en el marco de una teoría de la producción inmanente del mundo, tratando el estudio del inconciente desde el horizonte de la biología, la historia, la economía y la política, considerando la realidad del inconciente no como un fenómeno individual, idealista y familiar, sino como un acontecimiento en el devenir de la historia tanto natural como humana. De ahí el subtítulo del compendio “Capitalismo y esquizofrenia” que anuncia el carácter histórico, social y político del inconciente y la necesidad de estudiarlo, y en el límite tratarlo terapéuticamente, en relación con la sociedad y el sistema político-económico del que es producto,continuando el pensamiento político-afectivo de Spinoza, y desarrollando el proyecto de Nietzsche de un estudio genealógico basado ya no solamente en datos filológicos, sino también, históricos y científicos. Como manifestó estar interesado en realizar Nietzsche, en sus constantes alusiones tardías a la medicina y la fisiología, así como, en el proyecto impedido por el avance de la enfermedad, de suspender la producción de la obra literaria para realizar estudios científicos y reorientarla en ese sentido.
… cuando Rée le escribió a Nietzsche en 1881 para comunicarle que pensaba finalizar su nuevo libro antes de terminar el año, el autor de Aurora le respondió con estas alegres líneas: “¡Este año verá igualmente la luz, la obra cuya cadena de oro y desarrollo continuo me permitirá olvidar mi pobre filosofía fragmentaria; ¡1881 será un hermoso año!” (…) se esfuerza, a su vez, en dar a sus teorías una potencia y una continuidad que antes no poseían; estas aspiran a expresarse –no ya mediante aforismos dispersos-, sino a través de un imagen continua y sistemática del universo (…) Por esta razón Nietzsche tomaba la decisión, en 1882, de dedicar varios años de estudio a las ciencias naturales, cuyo conocimiento consideraba indispensable para la elaboración metódica de su Filosofía del futuro. Tenía la intención de abandonar su vida solitaria en el Mediodía con objeto de asistir a varios ciclos de conferencias en París, en Viena, Munich. Pensaba suspender diez años toda su actividad literaria para permitir que madurasen sus nuevas concepciones y verificarlas con ayuda de los descubrimientos más recientes en la ciencia (…) Los dolores de cabeza le imposibilitaron a Nietzsche la realización de su proyecto. En el invierno de 1882 estaba nuevamente en su retiro solitario en Génova…”[20]

Cuestión reivindicada por Deleuze al hacer suya una metodología genealógica para el estudio del inconciente, no solamente histórico-política, sino también, naturalista-científica, que se hace patente explícitamente en la “meseta” titulada  LA GENEALOGÍA DE LA MORAL (¿POR QUIÉN SE TOMA LA TIERRA?).[21]












[1] “¿Qué significa <<voluntad de poder>>? No, desde luego, que la voluntad quiera el poder, que desee o busque el poder como un fin, ni que el poder sea su móvil (…) Es condición de los valores establecidos ser puestos en juego en una lucha, pero es condición de la lucha referirse siempre a valores establecidos: lucha por el poder, lucha por el reconocimiento o lucha por la vida, el esquema es siempre el mismo. Y nunca insistiremos bastante sobre esto: hasta que punto las nociones de lucha, guerra, rivalidad, o incluso de comparación son extrañas a Nietzsche y a su concepción de la voluntad de poder. No es que niegue la existencia de la lucha; pero no la considera en absoluto creadora de valores…” Deleuze. Nietzsche y la filosofía. pp. 113 y 117.    
[2] Ibíd. pp. 123 y 124.
[3] El aforismo de Así habló Zaratustra aludido, que sirve de epígrafe y motivo de interpretación del tratado tercero es: “Nuestra sabiduría nos quiere valientes, despreocupados, irónicos y violentos; como mujer que es, sólo ama a los guerreros.” Nietzsche. Así habló Zaratustra, p. 59.
[4] Friedrich Nietzsche. Genealogía de la Moral. Alianza Editorial. Madrid. 2000, (Prólogo, 8) pp. 30 y 31.
[5] Deleuze. Nietzsche y la filosofía. pp. 8 y 9. 
[6] Ibíd. p. 9.
[7]  “… todo lo negativo se halla del lado de la reacción. Inversamente, sólo la fuerza activa se afirma, afirma su diferencia, hace de su diferencia un objeto de goce y de afirmación. La fuerza reactiva, incluso cuando obedece, limita la fuerza activa, le impone limitaciones y restricciones parciales, está ya poseída por el espíritu de lo negativo…” Ibíd. pp. 81 y 82.
[8] Nietzsche. La genealogía de la moral. (II, 11) pp. 96 y 97.
[9] “No comprendemos nada de la Ética, es decir de la teoría de los afectos si no tenemos presente en el espíritu la oposición que establece Spinoza entre las comparaciones del espíritu entre dos estados, y los pasos vividos de un estado a otro, pasos vividos que sólo pueden serlo en los afectos.” Clase impartida por Deleuze el día 20/01/81. Fuente: http://www.webdeleuze.com. Página consultada el 10/02/08. p. 5.
[10] Deleuze. Nietzsche y la filosofía. (Cantidad y cualidad) p. 66.
[11] “Lo que Nietzsche llama noble, alto, señor, es tanto la fuerza activa como la voluntad afirmativa. Lo que llama bajo, vil, esclavo, es tanto la fuerza reactiva, como la voluntad negativa…” Ibíd. (La terminología de Nietzsche) p. 80. 
[12] Ibíd. (¿Qué es la voluntad de poder?) p. 75.
[13] Ibíd. p. 10. 
[14] Frase con la que inicia Nietzsche y la filosofíaIbíd. p. 7.
[15] Ibíd. p. 10.
[16] Ibíd. (Conclusión) pp. 272 y 273.
[17] Nuevamente en este aspecto de la genealogía como método interpretativo vemos presente la constante de la perspectiva spinozista en Deleuze. Ya que para Spinoza, sobre todo en el Tratado Teológico Político, la libertad de pensamiento está en directa relación con la libertad de interpretar los textos religiosos, y con ello, también los preceptos éticos, el  valor de los valores, desplazando el Mal y el Bien general, por lo bueno y lo malo particulares para cada hombre: “… cada uno dispone de una autoridad suma de sumo derecho para decidir en cuestiones religiosas y, por tanto, para darse de ellas una explicación e interpretación (…) cada cual tiene su autoridad absoluta para juzgar y explicar la religión, porque esta pertenece al derecho de cada uno.” Baruch de Spinoza. Tratado Teológico Político. 4ª ed. Editorial Tecnos. Madrid. 2007,  p. 45. 
[18] Nietzsche. Filosofía general. p. 205.
[19] Deleuze. Conversaciones. p. 15.
[20] Lou Andreas Salomé. Nietzsche. Ediciones Casa Juan PablosS. A. de C.V. México. 2000, pp. 90 y 91.
[21] Cada meseta está ilustrada y encabezada con una fecha alusiva a un acontecimiento fundamental en el devenir de la historia natural y cultural descrita. La fecha asignada a la meseta a la que hacemos referencia es 10.000 a. J.C., de acuerdo al título completo, seguramente se refiera al período Mesolítico (la Edad Media de Piedra) de la Prehistoria, que es el período de transición entre el Paleolítico y el Neolítico, en el cual, debido al final de la era glacial y al concomitante cambio de vegetación, fauna y clima, aparecen los cambios en la tierra que propician el surgimiento de la agricultura y sedentarización consumada en el Neolítico. Ver la Lámina 3. 

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